La ruta del Paradiso

La ruta del ParadisoLa víspera, cuando se cumplieron 100 años del natalicio del escritor cubano José Lezama Lima, la casa donde vivió la mayor parte de su vida, en Trocadero 162, muy cercano al Prado habanero, fue declarada Monumento Nacional.

Esa instalación atesora el legado del autor de Muerte de Narciso, sus libros y cuadros y la atmósfera de un creador que es un hito de la cultura nacional y universal.

Su novela Paradiso es considerada en la actualidad un monumento de la literatura hispanoamericana y una de las obras más elevadas de la narrativa en la Isla.

En su niñez José Lezama Lima padeció los rigores del asma, enfermedad que le costó no poder participar como otros de su edad en juegos y actividades infantiles, lo cual conllevó a la sobreprotección de su madre y un poco de desprecio por el lado paterno.

“Se observaba sin disimulo que eso molestaba a su padre, que quería mostrar a los demás oficiales, sus hijos fuertes, decididos, alegres.”Escribió sobre el progenitor de su alter ego José Cemí, en la novela.

Incesantes lecturas, sumadas a sus propias preocupaciones existenciales, provocaron en aquel muchachito un universo repleto de metáforas e imágenes que se juntaban como un diluvio barroco, y que le condujeron directamente al reino de la poesía.

En su juventud rompió el encierro. Se graduó de bachiller en ciencias y letras a los 18 años, e inició estudios de Derecho en la Universidad de La Habana , donde participó en la huelga contra el dictador Gerardo Machado, el 30 de septiembre de 1930, que describió luego en Paradiso.

Poesía fue su primer poema, publicado cinco años más tarde; luego en 1937 con Muerte de Narciso comenzó a galopar: “Si declama penetran en la mirada y se fruncen las letras en el sueño.”

Su cultura se formó también junto a Ángel Gaztelu, Juan Ramón Jiménez, Cintio Vitier y Eliseo Diego, e influyó sobre tan notables amigos.

Lezama conformó a lo largo de su carrera un sistema poético propio, mediante la búsqueda del conocimiento en lo profundo de los mitos que alimentaron tanto a Platón como a Góngora.

En 1944 apareció la revista Orígenes, que dio nombre también a toda una generación, y en la que empezó a publicar se novela total, “como una súmula,”de toda su obra poética, narrativa y ensayística, de acuerdo con el autor.

En Lezama aparece asimismo la invención de un proyecto nacional nacido en un tiempo mítico, la “ínsula indistinta en el Cosmos”, que no se quedaba en el accidente histórico del descubrimiento de América, la trata de esclavos y el ajiaco de razas que conformaron la nacionalidad.

“Es indudable que la generación nacida de Orígenes ha dado con una manera de ver y de sentir lo cubano que nos redime del abominable realismo folklórico y costumbrista visto hasta ahora como única solución para fijar lo nuestro”, dijo Alejo Carpentier.

Ser único en arte equivale trascender lo dicho hasta el momento y sentar escuela, a no dejarse llevar por la moda y los esnobistas. Son necesarios también meta y temperamento para no claudicar, y terminar dando explicaciones.

Alrededor de 20 años hubo que esperar para ver culminada la gran obra de Lezama, que le condenaría al vía crucis del olvido hasta su muerte, acusado de hermético y hasta pornográfico, y le llevaría a la gloria, al Paraíso de los nombres imborrables de la literatura.

“Para mí ya ha sucedido todo lo que podía tocarme: el advenimiento de Cristo y la muerte de mi madre- escribió a su hermana-, pues creo ya haber alcanzado en mi vida esa unidad entre los vivientes y los que esperan la voz de la resurrección, que es la eterna contemplación.”

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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