Lázaro Peña: el inolvidable capitán de la clase obrera cubana

Lázaro Peña: el inolvidable capitán de la clase obrera cubana

Son 109 años del nacimiento de aquel humilde muchacho del habanero barrio de Los Sitios, que con apenas 10 años tuvo que dejar la escuela y su sueño de ser violinista, al fallecimiento de su  padre y ponerse a  trabajar como ayudante de carpintero, albañil, herrero hasta desempeñarse en el gremio de los tabaqueros como operario y luego como lector de tabaquería, para ayudar a su familia.

Es el oficio de tabaquero que contribuyó a que pudiera ampliar su cultura, pues esa práctica diaria le facilitó el conocimiento de las ideas martianas y también estudiar la Historia de Cuba, de la que luego hizo un arma de combate a lo largo de su futura trayectoria como dirigente político y sindical.

Desde sus comienzos como trabajador se integró a las protestas obreras contra los bajos salarios y el maltrato. Tanto que, a finales de 1929, se incorporó a las filas del clandestino Partido Comunista, donde participó activamente en la organización de los trabajadores para luchar contra la dictadura de Gerardo Machado. Por su inteligencia brillante y su talento innato para presidir asambleas y dirigir debates, sus compañeros le fueron eligiendo para diversos cargos sindicales.

En 1934 fue elegido miembro del Comité Central del Partido Comunista, secretario general del Sindicato de Tabaqueros y miembro del comité ejecutivo de la Confederación Nacional Obrera de Cuba, (CNOC), que pasó a dirigir en 1935. Dirigió el Comité ejecutivo de la huelga general política de marzo de 1935, por lo cual sufrió prisión y tortura.

Participó en la segunda Conferencia Nacional Azucarera y recorrió las regiones cañeras del país para organizar a los trabajadores y establecer vínculos estrechos con la población. Al celebrarse, en 1934, el Segundo Congreso del Partido Comunista de Cuba, fue elegido miembro del Comité Central, y promovido al cargo de secretario general del Sindicato de Tabaqueros y fue designado

Fue guía certera en la unidad y reconstrucción del movimiento sindical, quien reorganizaría y haría crecer las filas del proletariado cubano con resultado palpable en  la celebración del Congreso Constituyente de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en 1939 y en enero de este mismo año, el día 28, se celebró el primer Congreso Nacional, que dejó fundada la Confederación de Trabajadores de Cuba, de la cual Lázaro Peña pasaría a ser su secretario general.

Con firmeza y verticalidad de principios, Lázaro Peña se enfrentó al imperialismo y a los gobiernos auténticos (1944 – 1952), quienes a partir de 1947 forzaron la división del movimiento obrero cubano e impusieron a Eusebio Mujal y su camarilla en la dirección de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC)en tanto la dictadura de Batista no permitió la entrada a Cuba  a su regreso del Tercer Congreso de la Federación Sindical Mundial,  FSM, celebrado en Viena en octubre de 1953.

Ya en Revolución, en 1961, al celebrarse el Onceno Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, organización que había logrado rescatar la unidad y el prestigio del movimiento obrero organizado, se reinsertó en su directiva como secretario general hasta 1966, desplegó una destacada actividad en el movimiento sindical internacional con la creación del Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) y de la Federación Sindical Mundial (FSM). Por sus grandes méritos y capacidad organizativa fue nombrado, a principios de 1973, jefe del Departamento de Organizaciones de Masas en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, organismo del cual fue miembro desde su constitución en 1965.

A pesar de estar enfermo, se consagró a la preparación del histórico del Décimo tercer  Congreso de la CTC, del cual fue centro  en la elaboración de las Tesis del foro sobre variados y complejos temas del acontecer político, económico, social, laboral y sindical que fueron sometidas a debate con todos los trabajadores y como genuino militante comunista trabajó por y para a clase obrera cubana y mundial hasta su último aliento,  el 11 de marzo de 1974.

Sobre su entrega y consagración aún en los últimos momentos, el líder cubano Fidel Castro Ruz expresó: «Inútil era rogarle que moderara sus esfuerzos y atendiera su salud. Era lo único en que este militante modesto, dócil y disciplinado, desatendió los ruegos de sus compañeros y las exhortaciones de su Partido (…) No venimos propiamente a enterrar a un muerto, venimos a depositar una semilla.»

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