Lázaro Peña y Jesús Menéndez: Más allá de la ausencia

Lázaro Peña, Capitán de la clase obreraMuchos creen en el destino, otros conciben la irreversibilidad de la existencia a través de las decisiones personales, sin embargo para quienes legaron paradigmas inigualables, la vida debe haber resultado esa mezcla de matices que  encauzan el porvenir.

A quienes la educación significó trabajo duro, el pupitre quedó relegado. Penurias y necesidades destruyeron ideales de la niñez y la juventud,  más el destino aún les tenía reservada la nobleza de ídolos.

Lázaro Peña devino artífice de la palabra, muchos recuerdan su espíritu jovial, los saludos a todos los compañeros de trabajo. No en vano Nicolás Guillén sostuvo acerca de esta personalidad: “El pueblo que él contribuyó a educar, sostendrá la bandera de la victoria más allá de la ausencia y de la muerte”.

Jesús Menéndez apenas aprendía lo básico cuando lustrar zapatos y vender viandas calmó la desesperación de los suyos a causa del hambre, innumerables serían los oficios por los cuales transitaría: machetero, escogedor de tabaco, purgador de azúcar. En una ocasión el futuro líder confesó: “Creo que si me corto las venas, corre por mi sangre un río de guarapo amargo”.

“Capitán de la clase obrera” y “General de las Cañas”, marcaron los epítetos con que la historia resguardó para la eternidad a estos dos hombres que desafiaron el tiempo y las adversidades para dirigir la “Confederación de Trabajadores de Cuba” (CTC), fundada un 28 de enero de 1939.

CTC: patrimonio de la clase obrera

Jesús Menñendez, General de las CañasMuchas fueron las organizaciones nutrientes de la CTC de nuestros días, desde la “Liga General de Trabajadores” hasta la “Federación Obrera”, pero quizás el núcleo obrero que más fortaleció las incipientes fuerzas proletarias fue la “Confederación Nacional Obrera de Cuba” (CNOC), luchadora ferviente contra la tiranía de Gerardo Machado.

Huelgas y congresos obreros constituyeron un núcleo monolítico capaz de enfrentarse al sistema de gobierno imperante en el país. Los reclamos por los injustos salarios y los horarios de las jornadas laborales protagonizaban los intereses de los trabajadores.

Persecuciones, asesinatos y encarcelamientos resultaban comunes para todos los dirigentes sindicales, pero a la vez desde la propia clandestinidad crecían los esfuerzos por convidar hacia la libertad, la soberanía y el triunfo revolucionario.

Figuras como Alfredo López, Rubén Martínez Villena y Aracelio Iglesias también integraron en diferentes temporalidades históricas, las filas de lo mejor de los sindicaros cubanos.

Acciones inigualables testifican aún para la memoria histórica, el compromiso con la Revolución, pues desde la Sierra en 1959 Fidel ordenó a las organizaciones genuinamente obreras y patrióticas, a través de una Huelga General, el apoyo que impidió el intento de las  fuerzas imperialistas por detener el triunfo popular.

Grandes momentos esperaban a esta organización luego de la victoria de 1959. Como afirmara el Comandante: “Su contribución al desarrollo de la conciencia revolucionaria de nuestra clase obrera, y al impulso en ella en una nueva actitud colectivista ante el trabajo y la propiedad social”

Tópicos fundamentales ocuparían las líneas de trabajo: la incorporación masiva a la defensa del país, el trabajo voluntario, la superación cultural y técnica, el ejercicio de la democracia sindical, el desafío por la producción, constituyen hoy garantía del proceso revolucionario cubano.

Cuando en el mundo los valores genuinos se estremecen porque egoísmos y prepotencias exacerban desigualdades,  el pueblo cubano sostiene aún  la bandera de la victoria, como preconizara el poeta nacional, gracias a la educación de los grandes, cimiento de nuestra democracia proletaria.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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