Los cuatro jinetes de la Apocalipsis

Los cuatro jinetes de la ApocalipsisHolocausto, Hecatombe, Armagedón, Apocalipsis. Son palabras que nos traen a la mente ideas aterradoras, vinculadas con el fin de la humanidad como la conocemos hoy. Desde hace cientos de años es así, solo ha cambiado la forma en que imaginamos estos hechos temidos por todos.

Según los relatos bíblicos los cuatro jinetes de la Apocalipsis que azotarán la humanidad por sus pecados serían la Guerra (montada en un caballo rojo), los Conflictos civiles (sobre un caballo blanco), el Hambre (en un corcel negro) y la Muerte (sobre un caballo con tonos verdoso. En el escrito “Apocalipsis”, último de los libros del Nuevo Testamento, se habla de estos males con un estilo alegórico y simbólico y se analiza el final de la historia y el triunfo del bien sobre el mal. Al parecer esos eventos apocalípticos ya están afectando a los hombres pero la fisonomía de las desgracias legendarias ha cambiado algo.

Aunque la Apocalipsis narra una época hipotética de crisis del cristianismo, por su dramatización de la lucha contra el mal, por sus visiones de desastres  y la última redención de los hombres, hoy se hace una analogía con las vivencias actuales y lo que está por sucederle a la humanidad si se continua por el camino actual.

La Muerte…

Los humanos siempre han temido a la Muerte. Algunas culturas la ven como un descanso y paso a una vida apacible y llena de placeres. Otras culturas la asocian con el castigo o consecuencias de malos actos. Sin embargo la lucha contra la muerte hoy ha llegado a extremos insospechados. Los científicos y médicos buscan soluciones y alternativas para largar la vida lo más posible y minimizar los efectos de enfermedades y accidentes. También las enfermedades de hoy han hecho su parte; decenas de virus, enfermedades genéticas y tipos de cáncer aparecen a diario. En cualquier momento corremos el riesgo de enfermar con alguna dolencia exótica, que nos acechan tras cada esquina, con el rostro de la muerte detrás.

Hoy la Muerte puede tener lo mismo un sonoro nombre como el Ébola o las fatídicas siglas de SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida).

A pesar de todo lo que podamos hacer contra la muerte esta siempre nos vence con sus astucias y nos recuerda que somos simples grupos de células organizadas por un corto espacio de tiempo, destinadas desde el principio a transitar por un ciclo interminable de nacimiento, reproducción y muerte.

La Guerra…

Ya no se puede hablar tampoco de “una guerra” que azotará al mundo, sino de un conflicto global con algunas áreas de tregua parcial. Algunos estudiosos hablan incluso de una guerra de civilizaciones y lo creo muy acertado. Hoy algunos conflictos son internos, a pequeña escala, pero a grandes rasgos la mayoría de las confrontaciones son entre civilizaciones occidentales (EE.UU., UE.) y orientales (países árabes y algunos asiáticos).

La guerra también ha cambiado de rostro: antes eran simplemente dos hombres en un combate cuerpo a cuerpo o algunos miles de individuos que se reunían en una zona y luchaban hasta quedar exhaustos. Pero ahora las guerras globales implican a combatientes que muchas veces ni se ven durante el conflicto y el papel protagónico lo tienen las bombas “inteligentes”, los aviones teledirigidos y las unidades navales de propulsión nuclear que se mantienen a miles de kilómetros de la zona de combate.

Ya no es como en los tiempos de antaño, cuando las guerras se hacían por defender el honor de una bandera o de una religión, ya simplemente se hacen por el control de recursos naturales o vías de comercio o para probar nuevos armamentos en situaciones reales de combate.

Los Conflictos civiles…

Esas pequeñas guerras civiles, intestinas, están presentes en muchos países hoy. Comienzan por pequeñas disputas entre tribus o grupos étnicos y terminan implicando a todo un país en limpiezas étnicas, masacres de pequeñas nacionalidades y la desaparición de aldeas, lenguas y culturas locales.

Estos conflictos civiles muchas veces yacen dentro de otros más abarcadores, como los de la antigua Yugoslavia, Afganistán, Irak, Somalia o Birmania y por lo general son más difíciles de eliminar, porque están determinados por tradiciones y creencias impregnadas en cada pueblo.

En ocasiones organismos multinacionales como la ONU o la OTAN intervienen en países que tienen estos males y luego de un tiempo logran cierta “estabilidad” e instauran un gobierno provisional, que muchas veces aprovecha su posición para reprimir a los que no pertenecen a su etnia y hacen una limpieza étnica “legal”, como ocurrió en Afganistán e Irak y como ocurre hace 10 años en Somalia y otros países del continente africano.

El Hambre…

Ese mal invisible hace unos años hoy es palpable en todas partes. Lo que hace 60 años era una consecuencia de la Segunda Guerra Mundial hoy es propiciado por una desigual distribución de las riquezas y recursos naturales, que además son explotados y vendidos con precios especulativos. Los biocombustibles hechos con cereales, los alimentos modificados genéticamente, el derroche de los más ricos y los precios privativos hacen del Hambre un “castigo divino” que solo afecta a los países pobres.

Una causa de este mal es también la ineficaz utilización de las áreas cultivables y la aplicación intensiva y extensiva de fertilizantes químicos que poco a poco destruyen las zonas aptas para el cultivo. Luego hay que explotar zonas que durante miles de años estuvieron cubiertas de bosques tropicales y producir alimentos allí. Muchas de estas zonas siguen el mismo ciclo de explotación intensiva y a los pocos años queda estéril o se convierte en un semidesierto.  

El hambre ha llegado a extremos tales que el África hay cientos de miles de personas que dependen de los suministros de organismos internacionales. Allí se han juntado todos los males posibles: las guerras intestinas, la falta de zonas de cultivos, las enfermedades como el SIDA y el atraso sociocultural. En todo un continente es casi imposible cosechar algo o mantener crías de animales con valor comercial.

Pero el hambre no solo azota a los del continente negro, sino también a Latinoamérica y Asia, donde se produce mucho, pero con destino a Europa y Norteamérica. Los precios diarios de los alimentos dependen muchas veces de las Bolsas de Nueva York, Londres  o Tokio. Al final del día es más caro comprar comida para un gato que un simple pan o una fruta. Mientras miles de empresarios y comerciantes gastan millones en cosméticos, propaganda, equipos electrónicos y comida chatarra, más de 500 millones pasan hambre y no tienen ni siquiera un pan o cereales para sobrevivir.

Los cuatro males que azotarían a la humanidad y traerían nuevamente un reino de paz tras la Apocalipsis hoy están presentes en cada pueblo, en cada rincón del mundo, solo han cambiado su figura por una más moderna. Poco a poco nosotros mismos, los habitantes de esta pequeña burbuja azul estamos llevando al planeta a sus límites. Hasta el momento en que nosotros mismos lleguemos a la extinsión.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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