Lucía y su otra dimensión

Lucía y su otra dimensión

La música prendió a todo volumen, el estruendo abarcó la calle y esa era la señal de que iniciaban los festejos populares. En medio del gentío, de los colores cálidos, de los carromatos de los niños, se escuchaba la música de nuevos y viejos tiempos.

Lucía estaba allí, esperando la señal… luces, cámara, acción. Cuando se escuchó la primera nota, su cuerpo se conectó con el ritmo y así estuvo meneándose los tres días de festividades.

Con movimientos rudos y gestos extravagantes parecía disfrutar de su entorno más que nadie en aquel lugar. No importaban las miradas escandalizadas que las personas indiscretas echaban sobre ella.

Lucía no se enteraba de nada, solo bailaba y reía como nadie. Aquella mujer nació en un año que nadie recuerda, ni sus familiares, ni conocidos. Creció en un caserío donde el diablo dio las tres voces, y dónde apenas hace unos años atrás, llegó la corriente eléctrica.

Pero Lucía era feliz, andaba descalza entre los hornos de carbón, cruzaba el río con facilidad y sabía de memoria cada trillo abierto dentro del marabú. En el pueblo todo el mundo la conoce; la miran, la saludan e intercambian palabras con ella.

Lucía la loca, le dice la gente, por su problema de discapacidad mental, un asunto que la hace vivir enajenada del mundo que la rodea. Vivir en otra dimensión la hace especial. Nunca pierde el brillo en sus ojos y destila algarabía por los caminos que desanda.

Aunque el caserío donde habita dista bastante del pueblo, la puedes ver en cualquier esquina. Entretenida dentro de un grupo de muchachos que juegan a la pelota o conversando de algún tema extraño con el primero que le preste un par de oídos.

Sin embargo, su momento favorito del año, son los carnavales. Allí, su cuerpo y su mente se evaporan de la realidad y se pierden en un mundo paralelo. Lucía parece disfrutar de estos días como si fueran los más importantes.

A medias tintas entre locuras e instantes de lucidez, este personaje del pueblo se colocó al centro de todos sin darse cuenta. Protagonista de los más variados comentarios, con buenas y malas intenciones. Pero no los escuchaba, su única conexión era con la música estridente que removía su cuerpo a un compás peculiar.

Y los días de fiestas terminaron… y Lucía vuelve a casa.

A su manera, cuenta el tiempo que resta hasta la próxima jornada carnavalesca. Ahí volverá entonces como la reina del baile, a enchufar su enajenación con la música pero sobretodo; a ser feliz.

Si te gustó, esperamos tus comentarios en Facebook y tus RT en Twitter

El autor

Yanelis Pereira García

Licenciada en Periodismo. Periodista del Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *