Manuel Ascunce Domenech, semilla de la juventud revolucionaria

Manuel Ascunce Domenech, semilla de la juventud revolucionaria

El 22 de junio de 1961, el joven estudiante Manuel Ascunce Domenech firmó la planilla de inscripción en la Brigada ”Conrado Benítez”. Lejos estaba de imaginar que estaba destinado para convertirse en semilla.

En el momento de partir tenía 16 años y había terminado el segundo año en la Escuela Secundaria Básica “América”. Era natural de Sagua la Grande, provincia de Las Villas. Su educación elemental la realizó en los colegios “Santa Marta” y el “Éxito”, ambos en la barriada de Luyanó.

Fue integrante de la Asociación de Jóvenes Rebeldes y cuando la invasión mercenaria por Playa Girón hizo guardia en su escuela para “defenderla si fuera necesario”.

Inició su trabajo como alfabetizador en la zona de Trinidad, cerca del Escambray. Más tarde lo trasladaron a casa del campesino Pedro Lantigua, a unos 30 kilómetros de Trinidad.

En los meses que vivió en ese hogar se ganó el cariño y respeto de toda la familia. En las cartas que enviaba a sus padres se advertía a un adolescente puro, noble y tierno que esperaba  con ansias cumplir su misión para reencontrarse con sus seres queridos. Dentro de sus últimos pedidos a su padre era que cuando viniera a visitarle le trajera un cake helado para regalarles a los campesinos que lo habían acogido como a un hijo.

Todos sus sueños quedaron inconclusos aquella tarde del 26 de noviembre de 1961 cuando un grupo armado de contrarevolucionarios lo torturaron y asesinaron junto a Pedro Lantigua,  campesino que al igual que él defendía el naciente programa revolucionario.

Fue un crimen repugnante. Catorce heridas punzantes en diferentes lugares del cuerpo y finalmente ahorcado. Los médicos forenses evidenciaron que además  recibió fuertes torturas en sus genitales producidas en vida y en total estado de conocimiento.

En la impotente manifestación de duelo, al frente de la cual iba nuestro gobierno revolucionario, el entonces presidente la República, Osvaldo Dorticós Torrado, pronunció la conmovedora oración fúnebre, de la cual ofrecemos algunos párrafos:

“Al asesinar a este adolescente, se ha querido asesinar con él a una nueva generación que encarna el más lúcido y sano presente, y que anuncia para la Patria el más esclarecedor porvenir”

“¿Qué duelo debe ser este?Debemos hacer, como pedía el poeta, un duelo de labores y esperanzas; ¡Yunques, sonad! ¡enmudeced, campanas!, ¡no las campanas que convocan a la congoja, y al sobrecogimiento, sino al sonido del yunque proletario, que convoca al trabajo y a la lucha! ¡Honremos al héroe adolescente, cumpliendo cada uno de nosotros con más fervor y entusiasmo los deberes respectivos!”

Los asesinos de Ascunce,  -Pedro González y Julio Emilio Carretero, ambos esbirros del tirano Batista, agentes del imperialismo y bandidos del Escambray- fueron ajusticiados por las milicias revolucionarias. El primero cayó bajo las balas de los milicianos que efectuaban la “limpia” del Escambray  en  septiembre de 1963. El segundo cayó preso el 28 de marzo de 1964 y fue fusilado posteriormente.

En cada estudiante-profesor del Destacamento Pedagógico Universitario “Manuel Ascunce Domenech”, hoy se proyecta la figura del mártir alfabetizador.  Ascunce inspira a nuestra juventud en las tareas más difíciles que le asigna la Revolución, y su recuerdo es bandera de triunfo para todos los jóvenes revolucionarios.

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El autor

Damaris Leyva Feijoo

Licenciada en Educación. Especialista en Dirección de Programas Informativos de la Televisión. Periodista de Perlavisión, en Cienfuegos.

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