¿Nos extinguiremos por el cambio climático?

¿Nos extinguiremos por el cambio climático?La pregunta asusta, pero es real. Múltiples especies animales se extinguieron a lo largo de la historia de la Tierra producto de los bruscos cambios en el clima. ¿Por qué no podrá ocurrirnos a nosotros? ¿Porque somos más inteligentes? ¿O más brutos? Creo que la última pregunta será la ganadora. En realidad somos más brutos.

Solo hay que ver la gran destrucción que provocamos en los recursos naturales de los que dependemos, sin pensar que estos tienen un límite. Nunca pensamos en el mañana. Ni en nuestros sucesores.

El cambio climático está empujando al mundo hacia un pozo sin fondo que podría lanzar a los países más pobres en una caída en barrena, con un saldo de cientos de millones de personas amenazadas por el hambre, la desnutrición, escasez de agua, amenazas ecológicas y la pérdida de sus fuentes de trabajo. Solo son posibles soluciones si los países industrializados cooperan en la tarea de reducir las emisiones contaminantes y adoptan tecnologías limpias y fuentes de energía renovables.

Hasta el momento se pueden contabilizar grandes afectaciones para nuestro continente: la inundación del 10% del territorio de las Bahamas causada por la elevación del nivel del mar; pérdidas de hasta 60% en la cosecha de maíz en , del cual dependen dos millones de campesinos pobres; la desaparición de los glaciares de montaña que proporcionan el 80% del agua potable que abastece a ciudades peruanas, y la extensión de la epidemia de dengue a zonas de la región hasta ahora libres de tal enfermedad. Todo ello provocado por políticas derrochadoras y poco previsoras.

Estas políticas erróneas son dirigidas por los países más industrializados, a la vez los más derrochadores de recursos no renovables. Las naciones europeas son unas de las que incumplen sus compromisos de lucha contra el cambio climático. En diversos foros internacionales se plantea que las más acaudaladas no sólo deben ser las primeras en reducir sus emisiones contaminantes sino que también deben aportar incentivos a otros países en desarrollo.

En contraparte otros países menos poderosos promueven políticas consecuentes con el cambio ambiental, como es el caso de Cuba. Esta pequeña isla del Caribe es uno de los países punteros en el desarrollo de acciones para disminuir el calentamiento global, como es el aumento progresivo del área boscosa, ahora casi el 25% contra 14% en 1959,  y la implementación de un programa energético dirigido a reducir las emisiones nocivas e incrementar las fuentes  renovables.

Al ser Cuba una pequeña isla el calentamiento global y la consiguiente elevación de los mares son problemas urgentes. Un gran por ciento de nuestra población vive en áreas costeras que se verían afectadas por el alza en los niveles del mar y muchos poblados y ciudades costeras desaparecerán.

Según estudios de modelos sobre los efectos de la contaminación atmosférica por gases invernadero y aerosoles, se pronostica para los próximos 100 a 150 años un aumento en la temperatura de 1,5 y 4,5 °C, con un promedio de 2,5 °C. En contraparte la estratosfera se enfriará significativamente y la precipitación global aumentará entre un 3 y 15%. Esos cambios significan grandes diferencias en los hábitats de muchas especies, incluida la humana.

Uno de los problemas más acuciantes del cambio climático es el efecto invernadero producido por la emisión de gases como los freones y el dióxido de carbono. La quema de combustibles fósiles y la tala y quema de bosques, libera dióxido de carbono. La acumulación de este gas atrapa la radiación solar cerca de la superficie terrestre, causando un calentamiento global. Esto podría en los próximos 45 años aumentar el nivel del mar lo suficiente como para inundar ciudades costeras en zonas bajas y deltas de ríos. También alteraría drásticamente la producción agrícola internacional y disminuiría la cantidad de alimentos disponibles.

Pero los gobiernos y sociedades no están de manos cruzadas. Desde la firma de la Convención Marco sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (FCCC), en la Cumbre Mundial en 1992, los 162 gobiernos firmantes se enfocan en la solución del problema. El objetivo principal es estabilizar y minimizar la emisión de  gases invernadero en la atmósfera. La convención requería que todas las naciones que firmaran el tratado debieran lograr reducir sus emisiones de gases invernadero hasta niveles de 1990 para el año 2000, meta que muy pocos cumplieron.

Diversos gobiernos establecieron programas para lograr ese objetivo a través de la promoción del uso eficiente de la energía y la utilización de energías renovables, como medio para reducir la generación de dióxido de carbono a la atmósfera. El caso más prometedor, a mi entender, es el de Dinamarca con la sustitución parcial de combustibles fósiles por la energía eólica para la generación de electricidad. Esa nación creó el parque offshore (costas afueras, en español) de Horns Rev, que se terminó en 2002. Las 80 turbinas del parque eólico tienen una potencia total de 160 MW, lo que lo convierte en el mayor parque eólico offshore del mundo y suministra la electricidad equivalente al consumo de 150.000 hogares daneses. Además cuentan con el parque de Nysted, el de Samso, el de Middelgrunden, el de Tuno Know y el de Vindeby, que en total abastecen casi 400 mil hogares daneses y producen casi 400 MW al año.

 Pero las soluciones no deben ser singulares, sino comunes a todos los países porque el cambio climático afecta a todos por igual, ya sean los más ricos del Norte o los más pobres del Sur. Se requiere de una mayor toma de conciencia por parte de gobiernos y acciones inmediatas. No bastan los planes y declaraciones de mandatarios y científicos, que en fin marchan lentamente, a un ritmo que no nos permitirá sobrevivir al cambio, al igual que le pasó a los dinosaurios en épocas remotas.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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