Otra victoria del pueblo en el poder

Otra victoria del pueblo en el poderEl 26 de julio de 1959, sexta conmemoración de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes y primera tras el triunfo revolucionario, marcó otro hito histórico: la victoria popular que culminó con el retorno de Fidel Castro a su cargo de Primer Ministro.

La renuncia se había producido el 16 de julio. Al siguiente día, Fidel explicó las causas a través de la televisión: la incompatibilidad antagónica de principios con el presidente retranca, Manuel Urrutia, quien poco después renunció presionado por el pueblo. Las masas exigían la presencia de su máximo líder al frente del Gobierno Revolucionario.

Frente al monumento a , en la  explanada que devendría Plaza de la Revolución, los cubanos   manifestaban vivamente su cariño y adhesión total al compatriota que, una vez alcanzado el poder, no se subía en el altar de la Patria para usufructuarlo, sino desde la tierra llana afirmaba que seguiría consagrando su vida   a  luchar por los humildes.

Una explosión de júbilo ascendió en la concentración de medio millón de campesinos con sus machetes, y de cientos de miles más de obreros, estudiantes, cubanos todos, cuando Fidel expresó: “¡Democracia es esto! Democracia es el cumplimiento de la voluntad de los pueblos.   Democracia es, como dijera Lincoln, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Ante los ojos del mundo se manifestaba la verdadera fuerza de la Revolución triunfante: la capacidad de movilización de las ideas, que expresaban verdades sobre la explotación sufrida y las posibilidades de luchar unidos en pos de una vida mejor, aunque la oligarquía no cedería fácilmente sus privilegios.

Tras la promulgación de la primera ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de ese año, y otras leyes de beneficio popular, la revelación de Fidel no dejaba lugar a dudas: “Se derrocó a la tiranía para hacer una Revolución.

Se derrocó a la tiranía no solo para librar al pueblo del crimen y el asesinato y la tortura y la opresión, sino también para librar al pueblo de la miseria, tan criminal y tan cruel como la tiranía derrocada”.

Y fue así como Fidel retornó a su cargo de Primer Ministro en respuesta al clamor popular, para seguir trabajando por el futuro.  Pero nada en lo adelante  sería fácil, y él lo anticipó: “Regresamos para seguir adelante, no un camino fácil; un camino difícil,
pero un camino que podremos recorrer sin la menor duda y sin la menor vacilación, porque para recorrer esos caminos difíciles lo que se necesita es lo que tenemos, es decir, ¡un pueblo capaz de marchar adelante por encima de todos los obstáculos!”

Propicia fue la ocasión, además, para denunciar al monopolio de la información que acallaba verdades y sistemáticamente difundía falsedades y tergiversaba hechos en relación con lo que sucedía en Cuba, práctica la cual se prolongaría en los cinco decenios venideros y aún hoy se padece.

Aquel 26 de Julio, cuando La Habana acogió a más de medio millón de campesinos  y los capitalinos abrieron sus hogares  generosos para albergarlos, el mundo supo  la gran lección que entraña la voluntad aunada de tantos en función de causas justas. Similar historia se reitera en la actualidad en otras naciones latinoamericanas, enriquecida con experiencias de 50 años de luchas y de victorias.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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