Piropos ¿halago o violencia hacia la mujer?

Piropos ¿halago o violencia hacia la mujer?

La muchacha decidió lucir mejor esta mañana. Hoy tenía una necesidad imperiosa de sentirse bien con su imagen personal. Delante del espejo soltó su pelo negro y se colocó un conjunto de jeans y camiseta que marcaba muy bien las curvas de su cuerpo.

Salió a la calle rumbo al trabajo diario; a la cotidianidad acostumbrada, lucía una sonrisa esplendida en los labios y a su paso marcaba una estela de buena vibra.

Apenas la primera cuadra recorrida y se encontró con los chiflidos insolentes, de esos que se creen con el derecho de acosar a una mujer por sus maneras de vestirse o de caminar.

Un piropo… otro más, con palabras huecas que ella no pidió escuchar, convirtió su trayecto en un verdadero suplicio hasta hacer desaparecer la sonrisa de su rostro en un instante.

Para no pocos, el piropo constituye un sello cultural que representa la identidad de un país o región. Existen múltiples clasificaciones: halagadores, bromistas, groseros, despectivos o hasta ingeniosos. Sin embargo, ellos representan una práctica de violencia contra la mujer y no todos, lo entienden en ese concepto.

El sistema patriarcal que rige nuestra sociedad legitima el piropo como un suceso natural, cuando constituye un instrumento que la mayoría de los hombres usan para ejercer el poder sobre las féminas.

Las mujeres salen a la calle y están expuestas a la mirada de los otros, en una relación de desigualdad asociada a su condición sexual. Su figura es cosificada y tomada como objeto de placer para la satisfacción del macho, que asume tener derecho a calificar, clasificar y opinar sobre las condiciones de cada una de ellas.

Más allá de un halago o una práctica social común, el piropo se aleja de lo inofensivo para transformarse en una forma de asecho callejero, que podría derivar en acciones agresivas hacia una mujer.

Interiorizar que este acto encierra una manera de violencia para las féminas, consideradas como propiedad pública por su “halagador”, es una vía para desnaturalizar este hábito arraigado como una tradición.

Ello es imprescindible para avanzar en la consolidación de los derechos de la mujer y la equidad de género, garantizar el respeto en la sociedad, sin distinciones particulares de clase social o cultural. La diversidad de formas de violencia hacia las mujeres no solo lesiona el cuerpo sino también devora el alma.

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El autor

Yanelis Pereira García

Licenciada en Periodismo. Periodista del Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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