Los ríos de Cienfuegos, orígenes de mitos y desarrollo económico

Los ríos de Cienfuegos, orígenes de mitos y desarrollo económico

Cienfuegos es un territorio de muchos ríos que fueron aprovechados por los primeros pobladores de la zona. Desde épocas inmemoriales el intenso escurrimiento superficial en la región suministró a los aborígenes el agua fresca y limpia para beber y preparar sus alimentos, así como las fuentes de abasto de muchas especies acuícolas comestibles como peces, moluscos, reptiles y crustáceos, entre otros.

En algunos casos ciertos cursos de agua de notable caudal, como son los de los ríos Arimao, San Juan, Gavilán, Damují, Jabacoa, Hanábana, Yaguanabo, Hanabanilla y Salado entre otros, proporcionaron posibilidades de comunicación entre la sierra de Guamuhaya y las zonas costeras, o entre éstas y los asentamientos ubicados hacia tierra adentro. Otros cursos de agua, como el Anaya, el Cabagan, el Caonao o el Mataguá no tienen tanta importancia pero también sirven para la irrigación de esas zonas.

Al mismo tiempo la bahía sirvió como vía de comunicación entre los pobladores de los caseríos ribereños. Sus aguas, casi siempre serenas, ofrecían un eficaz medio para el desplazamiento de sus sencillas pero maniobrables embarcaciones. En la parte norte de esta desembocan los ríos Damují y Salado.

Con el desarrollo industrial alcanzado por Cienfuegos todos los ríos que tenían caudal suficiente para la navegación fueron utilizados para transportar maderas, azúcar, carbón, tabaco y otros recursos hasta la bahía, desde donde eran luego embarcados en buques de cabotaje hacia otros puertos de la Isla o hacia otros destinos de Norteamérica o el Caribe.

Primero los aborígenes de la zona, y después los colonos, todos vieron gran importancia a los ríos de la zona, como elementos que complementaban sus negocios.

Los “indios” asentados cerca del río Arimao y de la Laguna Guanaroca fomentaron allí sus leyendas primigenias de la primera mujer, que todavía hoy perviven en el territorio.

La explotación maderera durante el siglo XIX aseguró una fuente de ganancias estable con una inversión inicial pequeña, favorecida por la utilización de los ríos,- especialmente el Damují y su afluente Jabacoa.

En la confluencia de ambos ríos, Felix Bouyón tenía un aserradero con máquina de vapor en 1831. Otros  madereros estaban ubicados en la hacienda Juraguá y margenes de los ríos Salado, Caonao, Arimao y Gavilán y por esa época el corte y acarreo de madera hasta el puerto fue importante medio de vida para los colonos.

En esa centuria existían también numerosas vegas de tabaco en las márgenes de los ríos Arimao, Caonao, Mataguá, Damují y Salado.

Se calcula que en la zona que actualmente ocupa la provincia de Cienfuegos existen 62,75 kilómetros de ríos navegables que fueron utilizados para el comercio durante más de dos siglos. Actualmente el caudal de esos ríos ha disminuido enormemente y solo unos pocos, como el Damují y el Salado ven surcadas su aguas por embarcaciones.

Si te gustó, esperamos tus comentarios en Facebook y tus RT en Twitter

El autor

Sabdiel Batista Díaz

Licenciado en Periodismo, UCLV, 2007. Máster en Estudios Históricos y de Antropología Sociocultural Cubana, UCF, 2014. Blogguer, Community Manager, Diseñador web, Investigador en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *