S.O.S Planeta

S.O.S PlanetaEl planeta nos manda un reclamo de auxilio, pero a veces no lo escuchamos. Los ya habituales ciclones tropicales, los tsunamis, lo continuos sismos y terremotos son sus mensajes. La Tierra nos dice que se siente herida. Día a día disminuyen sus riquezas naturales, sobre todo los forestales.

Durante miles de años, los hombres han jugado un papel cada vez más determinante en la deforestación. Cada civilización ha cortado bosques para construir sus barcos y viviendas, y como combustible. Una vez que han sido devastados, esos bosques no se han recuperado en mil años o más, y algunos nunca se recuperarán,  como zonas del Medio Oriente y Gran Bretaña.

Diversas informaciones publicadas en medios digitales anuncian que el cambio climático y la deforestación podrían destruir o dañar gravemente el 55 por ciento del bosque amazónico para el 2030. De esta forma se vería reducido en más de la mitad uno de los principales pulmones de la Tierra.

Esta deforestación en la mayor zona boscosa del planeta podría liberar entre 55,5 y 96,9 mil millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, una cantidad equivalente a más de dos años de emisiones globales de gases de efecto invernadero, en las próximas décadas. Y estamos hablando de uno de los principales estabilizados del sistema climático global, pero hay muchos otros que también se ven afectados a diario por la deforestación.

Ese proceso de tala indiscriminada y de explotación de áreas boscosas interrumpe el ciclo de la lluvia, fundamental en los bosques húmedos tropicales, reservorios de la mayor diversidad animal sobre la tierra. Producto de la deforestación en el subcontinente americano las precipitaciones disminuirían en un 10 por ciento en el futuro, lo que provocará una sequía que afectaría a un 4 por ciento más de los bosques.

No solo el fenómeno de la deforestación afecta al planeta, también la utilización de áreas boscosas para la agricultura y la ganadería le roba espacios a los árboles. La conversión de las florestas a causa de la siembra de pastos para la ganadería y la agricultura significa una emisión adicional a la atmósfera de una cantidad de 200 a 300 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono.

La importancia del mantenimiento y aumento progresivo de las áreas boscosas es esencial. Los bosques ayudan a mantener el equilibrio ecológico y la biodiversidad, limitan la erosión en las cuencas hidrográficas e influyen en las variaciones del tiempo y en el clima. Asimismo, abastecen a las comunidades rurales de diversos productos, como la madera, alimentos, combustible, forrajes, fibras o fertilizantes orgánicos. A pesar de sus beneficios pocos gobiernos controlan la tala y quema de bosques y son menos los que intentan aumentar esas áreas con resiembras de posturas de árboles maderables y frutales.

A pesar de que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y (CNUMAD) establece que la protección ambiental es una parte integrante de desarrollo y que debería tener como objetivo aliviar la pobreza y lograr un equilibrio entre la eficiencia económica y la sostenibilidad, pocos Estados ven la protección ambiental de esta forma. Solo se limitan a cumplir con normativas mínimas en cuanto a protección de esas áreas y a su explotación con fines comerciales.

La deforestación provoca también un aumento en las zonas desérticas, con el consiguiente éxodo de comunidades que anteriormente dependerían de los recursos naturales de esa región. Un ejemplo de este fenómeno es el desierto de Harrapan, en Pakistán. Hace mucho tiempo esta era una zona boscosa, que tenía un régimen de lluvias adecuado en los monzones: una buena muestra de ecosistema forestal auto sustentador. Los bosques fueron talados por ganaderos que necesitaban forrajes para sus rebaños. Las precipitaciones se mantuvieron  en la región, hasta que la tala masiva afectó a más de la mitad del territorio. Como consecuencia, las lluvias cesaron y el área se volvió árida y los bosques circundantes murieron también. Hoy la zona es un semidesierto, capaz de mantener tan sólo a una pequeña comunidad y otros organismos que antes vivían del bosque y se vieron desplazados.

La deforestación a nivel global ocasiona la extinción local o regional de especies, la pérdida de recursos genéticos, el aumento de plagas, la disminución en la polinización de cultivos comerciales o provoca la erosión de los suelos. Asimismo, impide la recarga de los mantos acuíferos y altera los ciclos naturales. De forma general provoca pérdida de diversidad biológica a nivel genético, poblacional y ecosistémico, dentro de un ecosistema donde los humanos también vemos disminuir nuestras zonas de cultivo, de vivienda y de sustento.

Aunque en Cuba los niveles de deforestación se han limitado en los últimos años y ya se ve un avance en la repoblación, a nivel global las cifras actuales son impresionantes. En el mundo avanza a un ritmo de unos 17 millones de hectáreas al año (territorio superior que Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte juntas). Entre 1980 y 1990, los niveles anuales de deforestación fueron de un 1,2% en Asia y el Pacífico, un 0,8% en Latinoamérica y un 0,7% en África.

La deforestación en los trópicos aumentó drásticamente a partir de 1950, con la introducción de maquinaria pesada en la tala y procesamiento de la madera. Desde entonces, el crecimiento de las poblaciones humanas ha llevado también a la destrucción de zonas forestales por la vía más difícil, a mano. Los índices anuales de deforestación en 52 países ubicados en los trópicos prácticamente se duplicaron entre 1981 y 1990 y en estas regiones es donde se encuentran las mayores reservas forestales.

Por estos días, en que se celebra el Día del Medio Ambiente, las reflexiones acerca del cambio climático, la deforestación y la contaminación son múltiples y en todos los idiomas. Solo falta escuchar en llamado de auxilio de la Tierra, pero al parecer los humanos no comprendemos ya el idioma de la Madre Naturaleza.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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