Santa Isabel de las Lajas: “Salidos de la clandestinidad”

Santa Isabel de las Lajas: “Salidos de la clandestinidad”

Cuando cayó la noche de la Nochebuena del 58, emprendieron el camino hacia la calle Jagüey. Dejaron atrás la finca Le Ceja, donde la familia de Rosa Martínez, amparó durante años reuniones clandestinidad del Movimiento 26 de julio.

“Ese día 24 de diciembre mi papá se comunicó con la dirección del M 26- 7 en Cienfuegos para decidir sobe la toma de Lajas. Llegó a las 2 de la tarde y ya le teníamos las armas, la bandera, todo organizado. A las 7 y media salieron de la casa.”

Subieron hasta el centro del pueblo a reunirse con un grupo hasta entonces en la clandestinidad, y fueron uniéndoseles integrantes de otras células.

En estas tierras donde la represión de los batistianos dejo tantos mártires, habían sido duros años de lucha.

“Aquí se quemó mucha caña, se hicieron muchos apagones, se tiraban cadenas hacia las líneas eléctricas para provocar apagones”, recuerda Margarita Hazine Grosse, luchadora clandestina. “Aquí en una fiesta del Lajero que venía Benny Moré a tocar, se tiraron banderitas negras, se hizo apagón y no pudieron realizar las fiestas”.

Pero ahora los rebeldes estaban cerca y los que hasta la Nochebuena de 1958 permanecieron clandestinos, crearon su Comandancia en un conocido comercio, la Fonda de Perico. Portaban por vez primera públicamente sus brazaletes rojinegros.

Aquella anoche se tomó el ayuntamiento municipal, la jefatura de policía, el cuartel de la guardia rural y se pusieron emboscadas, postas por todos los accesos al pueblo.

“Ya los guardias se habían ido, habían retrocedido, Cuando dieron la orden de tomar Lajas, el M26- 7 salió, los soldados se retiraron”, rememora Tomás García Morejón que entonces tenía 17 años.

En una céntrica esquina redujeron a cenizas la efigie del dictador Fulgencio Batista, y fueron hacia el cuartel a impedir que pudieran regresar al fortín, utilizado por esos esbirros para torturar y matar a muchos revolucionarios.

Al amanecer del 25 de diciembre, se fue organizando la vida en Santa Isabel de las Lajas; ya la población despertó bajo la ocupación revolucionaria y el pueblo se fue sumando.

Un día después entrarían las fuerzas rebeldes: “Salíamos para la calle, a cantar a bailar. Aquí había una fiesta”, evoca Rosa Martínez.

“Yo me sentí muy feliz aquella noche, afirma Tomás, era lo que deseaba: el fin de la lucha clandestina: ya veíamos cerca el éxito de la Revolución cerca… había pueblo tomados en el Oriente, el Che asediaba a Santa Clara, Camilo Cienfuegos luchaba en Yaguajay, las emisoras estaban encadenadas, “la cadena de la libertad” como se le llamó, aquello fue desbordante”.

Con la euforia, el 28 di diciembre, los jóvenes quemaron el cuartel; era como borrar todo vestigio de la tiranía para los lajeros, ahora liberados.

El autor

Ismary Barcia Leiva

Licenciada en Periodismo. Especialista en Dirección de Programas Informativos de la Televisión. Periodista en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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