Sars-Cov2 y COVID-19: una clásica tragedia mundial

Sars-Cov2 y COVID-19: una clásica tragedia mundial

Las noticias sonaban irreales. Era el mes de marzo y se abría el telón. Brotaban los primeros casos diagnosticados con el nuevo coronavirus en Cuba.

Sin darnos cuenta asistíamos a una nueva obra de ese gran teatro que es la vida. El Sars-Cov2 y la COVID-19, una clásica tragedia de renombre mundial.

La preocupación rondaba entre los cienfuegueros ante el posible paso de aquellos primeros positivos por la ciudad. La confirmación levantó las alarmas, de inmediato se trazaron estrategias, se dieron orientaciones y la respuesta no se hizo esperar.

Cambiaron las rutinas, se aceleraron los cortes se multiplicaban las confecciones… Algunos desempolvaron viejas máquinas, los más osados aprendieron a coser. Era esta un arma esencial contra el virus y la generosidad se volvió más viral y le arrebató su corona.

El nuevo coronavirus cambió las rutinas de todos, cerró escuelas, comercios, restaurantes. Trajo las conferencias diarias de salud, al doctor Duran y la Dra. Arelis…

Una obra de teatro en la que de repente pasábamos de espectadores a protagonistas y Cienfuegos comenzó a resonar en las estadísticas de la COVID-19.

Y llegó el aislamiento, y las teleclases, y el trabajo a distancia…el quédate en casa

Y parecía imposible seguir aquel sencillo consejo… Las fuerzas del orden se hicieron más presentes, más necesarias, más compañeras.

El sistema de salud se reinventaba en cada jornada, en tiempo records emprendía más y más tácticas de una guerra sin cuartel ante aquel enemigo invisible. Se controlaron las fronteras por los  seis puntos de acceso, se controló el estado de salud de los cienfuegueros con las pesquisas activas, se controlalon la higiene de las calles y los espacios públicos, se controló la trasmisión del Sars-Cov2 en Cienfuegos.

Desde casa cada cual creó nuevos escenarios, nuevas rutinas y así fue encontrando sus propias maneras de escapar de la situación.

Afuera, quienes no podían quedarse en casa, se exponían cada día para proteger a otros y llegaron los aplausos.

Pero el telón no caía. Cerraba apenas un acto de esa obra de teatro que aún parece interminable y en la que cada amanecer significa una batalla por la vida, un acto que acaba y con el aplauso de las nueve da paso a otro y otro y otro.

Con un guion colectivo en el que día a día se escriben páginas de heroísmo, de valientes que vencen al cansancio y el miedo en la primera línea de combate.

Páginas de amor y cuidados por los vulnerables, por nuestros ancianos, por nuestros niños.

Páginas de solidaridad de quienes donan lo que no les sobra, a quienes más lo necesitan, incluso de aquellos que extienden el brazo y hacen brotar su sangre y la vida.

Páginas de revolucionarias organizaciones que hablaron más fuerte que nunca y se hicieron presentes en cada hogar, cada tarea, en cada detalle.

Páginas de continuidad protagonizadas por esa juventud que cambió las aulas por el surco, que encontró nuevos abuelos a quien servir y proteger.

Y en cada acto volvimos a aplaudir por ellos, por nosotros, por todos. Pero la obra aún no termina, para quienes trabajamos en los medios ha sido un nuevo periodismo, una página más en el guión. Esta por ejemplo, tal vez la crónica de un final anunciado, es un nuevo acto.

Un acto resumen, que no lleva aplausos, y en el que todos sin excepción somos espectadores y protagonistas de esta gran tragedia teatral que son el Sars-Cov2 y la COVID-19.  Escribamos todos, el último acto, para que caiga al fin el telón y el aplauso entonces sea infinito.

 

!Esperamos tus comentarios en Facebook y tus RT en Twitter. Estamos en Telegram también!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *