Tatuajes: ¿marcas que definen?

La actris Angelina Joliet y sus tatuajesSi luces un tatuaje en tu cuerpo ¿Es un símbolo de que estás a la moda o lo tienes como un rasgo propio de los presidiarios?. Opiniones contradictorias abundan, como mismo abundan los diferentes tatuajes.

“!El tatuaje? ¡Eso es lo máximo y a las niñas les gusta cantidad, por eso fue que me lo hice!” (Jordan, 19 años, tribal en el brazo)

“Los tatuajes son de presidiarios, de la gente que trabajaba antes en los puertos y de los marineros…” (Teresa, 67 años, ama de casa)

“A mi no me gustan porque después no te los puedes quitar y se te queda la marca para toda la vida” (Miguel Ángel, 23 años, estudiante).

Dragones, flores, colibríes y animales exóticos han escapado de la mente imaginativa de muchas personas y ahora caminan por las calles cubanas incrustadas en la piel de miles de jóvenes y otros no tan jóvenes. Lo mismo puedes tropezarte con las fauces aterradoras de un dragón posado en el hombro de un joven musculoso, que te puedes asombrar con unos ojos expectantes que te observan desde la espalda baja de una afrodita tropical.

Los tatuajes, esas marcas hechas con tinturas incrustadas en la epidermis, no son originarios de estas tierras, pero ahora campean como Pedro por su casa. Hace miles de años los hombres primitivos exhibían sus heridas de guerra como símbolo de valentía y más tarde otros, quizás menos valientes y más alardosos, se provocaban heridas para denotar cierto valor. Con el tiempo se procedió a la utilización de conchas marinas afiladas para los cortes y jugos de plantas para lograr algunos colores. Llegó el momento en que existían clanes o familias que eran identificados por los tatuajes que adornaban los cuerpos de sus integrantes.

Los lugares donde más se utilizaban estos dibujos eran las islas de la Polinesia, Borneo, Bali, Java, algunas tribus australianas y países asiáticos, destacándose China y Japón por las técnicas y los colores utilizados. En las tierras de Europa esta práctica no tuvo gran arraigo hasta bien entrado en siglo XX y en África sí fue utilizada como distintivo para ciertas tribus guerreras. En América del Norte se asoció el tatuaje con prácticas religiosas y mágicas, era un rito simbólico y una marca única que permitiría que el alma superara los obstáculos en su camino a la muerte. El tatuaje era una práctica común entre los nativos de América Central; tatuaban en sus cuerpos imágenes de dioses, aunque el arte de marcar la epidermis con tintas no tuvo gran auge como en la región de Oceanía y el Pacífico y no es hasta el mismo siglo XX que toma fuerza.

En Norteamérica, donde había existido desde siglos atrás, sólo tuvo eco masivo durante la Guerra Civil. Se dice que uno de los primeros tatuadores profesionales fue C. H. Fellows. Se considera que el primer estudio tatuajes fue el abierto en 1870 en Nueva York por el inmigrante alemán Martin Hildebrant. Su mayor competencia fue Samuel O’ Reilly, inventor de la máquina de tatuar en 1891, aunque esta máquina estaba inspirada en una maquinaria inventada por Thomas Edison.

El arte del tatuaje fue conocido por el “mundo civilizado” gracias a los relatos de exploradores y marinos. Banks, artista científico que navegó junto al Capitán Cook, describió en 1769 el proceso del tatuaje de la Polinesia. Los marineros de Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar tatuados y extendieron rápidamente esta afición entre los marineros, quienes aprendieron el arte y lo practicaron a bordo.

Hacia finales del siglo XIX llegaron a tierras americanas muchos chinos coolíes y algunos traían tatuajes de gran arte en su piel. Otro medio de arribo a inicios del XX fueron los marineros que llegaban a las grandes ciudades portuarias con dibujos hechos en puertos del Pacífico y Asia. Durante la Primera Guerra Mundial el número de combatientes en tierras foráneas y de desplazados ascendió a cifras millonarias, con el consiguiente traslado de costumbres, culturas y tatuajes. Con la llegada de la segunda conflagración mundial muchos soldados americanos adornaban sus brazos con las insignias de sus respectivos regimientos y compañías y los fascistas alemanes e italianos por su parte numeraban a muchos prisioneros “alojados” en los campos de concentración.

A partir de la década de 50 los países desarrollados, dueños de los principales medios de comunicación masiva, comenzaron a identificar a las personas que lucían tatuajes con dos grandes grupos: eran guerreros y tipos duros o simples presos. Con el tiempo este falso paradigma tomó tanta fuerza que muchas personas pintaron sus cuerpos indiscriminadamente para aparentar su pertenencia al grupo de lo “tipos duros”, aunque corrían el riesgo de que la sociedad los identificara con los del otro grupo.

Hasta mediados del siglo pasado la mayoría de los colorantes utilizados eran de origen vegetal, pero llegó el momento en que los artistas del tatuaje utilizaron tintas industriales confeccionadas enteramente con productos químicos y fue entonces cuando los tatuajes aumentaron las lecciones graves en la piel, las ulceraciones e incluso cáncer en la piel. También había que sumar la posibilidad real y tangible de adquirir una enfermedad transmisible por medios de las agujas utilizadas para introducir las tintas en la epidermis.

“Los tatuajes son cosa de artistas y de gente de la farándula; nos es propio de personas responsables y educadas” (Mirtha, 35 años, contadora)

“Yo creo que es una cosa bonita y no me afecta en nada en mi trabajo ni en mi vida” (Yanisbel, 26 años dependiente, tribal en la espalda baja)

“Me lo hice porque le gusta mucho a las muchachas de este tiempo, pero creo que no es muy seguro porque he visto gente que se ha arrepentido y se han quemado para quitárselo” ( Frank Abel, 29 años, imagen del Che en el hombro)

La cantante Rihana y sus tatuajesMucho ha tenido que ver con el auge de los tatuajes en Cuba la penetración de elementos de la industria cultural con mensajes del “american way of life”, donde se quiere establecer el paradigma de que si un joven adorna su cuerpo con un tatuaje entra en el canon de joven americano: triunfador, poderoso y a la moda. Claro, para establecer este paradigma han tomado figuras muy seguidas por la juventud de todo el mundo como cantantes, actores de series televisivas y modelos.

A partir del constante bombardeo de mensajes donde los tatuajes son símbolo de estar a la moda (on fashion), la juventud adicta al último grito de la moda impuesta por los mass media se ha formado el concepto de que si no luces un tatuaje provocativo y vistes como el cantante del grupo de pop del momento entonces no estás a la moda. Ese es el momento cuando las concepciones acerca de la moda de estos jóvenes choca con las personas de la generación anterior, o incluso dos generaciones anteriores. Los que eran jóvenes a finales de los 60 no notaron los cambios en la moda y en la forma de expresar una identidad propia porque no sintieron la influencia de la revolución postmoderna de mayo del 68 en París, Praga y Ciudad . Las personas que eran jóvenes a mediados de los 80 no percibieron los cambios psicosociales impuestos por la penetración capitalista en Europa del Este hasta inicios de los 90 y siguieron con el mismo modelo de vestir y actuar impuesto por el modelo socialista. Este es uno de los motivos por el que los jóvenes de hoy no coinciden con sus abuelos y padres en cuanto a tatuajes y modas; para abuelos y padres los tatuajes son símbolo de personas marginales y presidiarios y para los jóvenes significa estar a la moda.

Pero la moda también cuesta. Un tatuaje, según la zona del país donde te encuentres, cuesta entre 3 y 10 CUC, e incluso más, según la complejidad y la cantidad de colores. Muchos jóvenes los pagan de su bolsillo y otros acuden a los padres para la parte monetaria, aunque luego no coincidan con ellos en el impacto social que esto genera en la personas que viven a su alrededor.

El costo en cuanto a salud también puede ser grande: pueden aparecer ulceraciones y alergias a la tinta que deforman los dibujos. Ante este efecto negativo algunos recurren a métodos rústicos para eliminarlos y utilizan cucharas al rojo vivo o planchas. Otros, más inteligentes, acuden a especialistas y métodos quirúrgicos; de las dos formas quedan marcas para toda la vida que en muchos casos se ven peor que los mismos tatuajes. No es extraño el caso también de adquirir enfermedades transmisibles como hepatitis o incluso SIDA.

“Ahora pienso que si algún día me lo quiero quitar no voy a poder y cuando sea una vieja se va a ver muy feo” (Marta Maira, 32 años, rosa en la pierna)

“Dicen que los tatuajes son cosas de la moda, pero esta es un moda que se queda para toda la vida. Puede que hoy se vea bonito pero mañana se lo quieras esconder a tus hijos…” (Vivian, 38 años, profesora)

De todas forma, si sopesamos las ventajas y desventajas y sumamos la opinión general ante este fenómeno hay que tener en cuenta otro punto; dentro de 30 o 40 años cómo se verán esos tatuajes en la piel ajada por el tiempo? ¿La sociedad seguirá dividiendo a las personas que llevan tatuajes en presidiarios y jóvenes a la moda?

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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