Un León cubano con apellido Maceo

Un León cubano con apellido MaceoAl mencionar el apellido Maceo rápidamente pensamos en patriotismo, coraje, dignidad, valentía y en muchos otros calificativos que lo convierten en uno de los más gloriosos en la historia de Cuba. Sin embargo, este privilegio no solo se debe al “Titán de Bronce” sino también a otros miembros de la familia que también supieron poner bien en alto este apellido insigne para los cubanos.

{xtypo_quote_right} Al general José lo vio siempre la guerra

a todos los peligros profundos enfrentarse.

¡Siempre lo vio el primer resplandor del machete!

¡Siempre estuvo en el puesto primero de la sangre!

Era una roja punta de cuchillo…

Era una centella de coraje…

Manuel Navarro Luna

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José Marcelino Maceo, “El León de Oriente”, fue uno de los Maceo que demostró la estirpe legendaria de su familia. “Muchos hijos valientes ha tenido Cuba en sus luchas por la independencia: algunos acaso tan valientes como él; ¡pero ninguno más que él!”, dijo Néstor Carbonel sobre este patriota cubano que luchó  en las tres guerras contra el colonialismo español.

Ciento sesenta y dos años han pasado ya desde que aquel 2 de febrero de1849 naciera en el entonces municipio San Luis, actual provincia de Santiago de Cuba,  aquel que “su nombre se convirtió en sinónimo de coraje, cobró estatura de figura legendaria”, como expresara Pedro Antonio García.

Este soldado de las tres guerras (la  Guerra del 68, la Guerra Chiquita y la del 95) luchó durante casi 12 años por la independencia de Cuba en los que participó en más de 500 acciones.

Con solo 19 años  José se incorporó a la Guerra del 68, el 12 de octubre de ese año con sus hermanos Justo y Antonio y con ellos tuvo su bautismo de fuego ese mismo día en Ti Arriba.

Ya en 1869 era sargento; a fines de 1870, teniente  y en enero de 1871, capitán. Integró el contingente de Máximo Gómez para la invasión a Guantánamo, el cual consolidó la lucha armada en esa región.  Un año después, ascendido a teniente coronel, lo designaron como jefe del batallón.

Gómez lo escogió para la invasión a Las Villas y con él compartió cargas al machete en Las Guásimas (1874). En Mangos de Mejía (1877), salvó al Titán de una muerte segura y lo protegió durante su convalecencia. Participó activamente en la Protesta de Baraguá. En marzo de 1878, le ascendieron a coronel.

En Santiago inició la Guerra Chiquita (agosto de 1879) junto a Guillermón Moncada, Quintín Bandera y otros patriotas. Fue ascendido a general de brigada.

Cuando la contienda  fracasó ante la falta de unidad entre los cubanos, embarcó a Jamaica. Los españoles le apresaron en alta mar y lo enviaron a las prisiones africanas  hasta que pudo   reunirse con su hermano Antonio (1886) en Costa Rica. Allí integró con este y Flor Crombet la expedición de la  embarcación Honor, la cual desembarcó en Duaba el primero de abril de 1895.

En Alto Palmarito son sorprendidos por las tropas españolas y tras la muerte de Flor Crombet y  la captura de otros compañeros, José Maceo se quedó solo perdido en las sierras de Baracoa. Allí atravesó maniguas y riachuelos durante 13 días, hambriento y sediento, hasta que se encontró con los mambises guantanameros.

Más tarde logró reunirse con Martí y Gómez quienes habían desembarcado el 11de abril por Playita de Cajobabo. El 25 de abril batió una columna enemiga en Arroyo Hondo y tres días después, le otorgaron las estrellas de mayor general.

El 5 de julio de 1896 fue atacado en su campamento por numerosas fuerzas enemigas y allí, en Loma del Gato, cae mortalmente herido,” mientras las palmas todas se inclinaban pesarosas y los ríos murmuraban una plegaria…” como expresó Carbonel.

Su muerte me hace recordar la de Martí”,  confesó Fermín Valdés en carta al general Serafín Sánchez. Y días después, en su Diario del soldado, escribió: “Para que sea más igual la manera heroica de caer, me dicen que como Martí, iba José con el revolver en la mano, desafiando al enemigo”.

En carta   dirigida a su esposa, Máximo Gómez expresó: “Ha muerto el general José Maceo, es verdad, como moriremos muchos, pero su memoria no puede ser olvidada; y guarda tú estas líneas que desde estos campos, donde retumba el cañón te escribo, porque ellas significan mi duelo de guerrero por la pérdida del compañero y del amigo; que él murió en su puesto, derribado de su caballo de batalla para aparecer mañana más alto en la historia de su patria.
Y más adelante agregó:”Guárdalas para que sean leídas en nuestro hogar con santo y religioso respeto, cuando de las cosas grandes de Cuba redimida se trate”.

Unos meses antes de comenzar la Guerra del 95 Martí escribió refiriéndose al León de Oriente: “Quien ha defendido con valor mi Patria y su libertad de hombre, es como acreedor mío y me parece mi hermano”.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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