Vivir al son del Mal

Vivir al son del MalBajo el sino posmoderno de fusionar lenguajes artísticos diversos en producciones donde se desdibujan rígidas nociones genéricas, aún latentes en  concepciones mayoritarias, la compañía capitalina DanzAbierta, mezcla en iguales proporciones, música, danza y audiovisual en MalSon, su más reciente espectáculo.

A finales de enero, la imprescindible agrupación  fundada por Marianela Boán en 1988, se presentó en el Teatro Tomás Terry con esta propuesta, coreografiada por la española Susana Pous, su actual directora, con banda sonora compuesta por el músico y realizador X Alfonso, quien además tuvo a su cargo las imágenes proyectadas.

Traducida a los códigos del lenguaje danzario y la metáfora audiovisual, la migración, pieza cardinal del puzzle socio-cultural cubano y latinoamericano, se erige como tema central de MalSon, visto esta vez este fenómeno no desde la permutación geo-política, ni el asilo físico, sino como el desarraigo interno, la alienación del ser humano respecto a sí mismo y respecto a su microcosmos íntimo, redundante todo en incomunicación social y auto aniquilamiento.

No es necesario bogar 90 millas para ser un insecto kafkiano, extranjero Made in Camus o invidente saramaguiano, en medio de las mismas multitudes paisanas, serpeantes por mil callejones sin salida entre los superpoblados intestinos mega-urbanos, a la saga de rutinas, que alguna vez fueron sueños, ideas, e ideales.

La migración más funesta sucede cuando se rema lejos de la condición humana, de la autonomía social, hasta alcanzar las acogedoras y fulgurantes costas de la indeterminación colectiva, donde se deja de ser nota única de vibración imprescindible en el complejo ritmo de la existencia y la voz auténtica se diluye en una melodía monocorde y convenientemente sintonizada. Y esas tierras incógnitas sí que no reparan en otras fronteras más que la fuerza moral y la aptitud gnoseológica del ser humano.

Náufragos de si mismos, los cinco protagonistas de MalSon se pierden en dédalos de absurdas geometrías espiritualesNáufragos de si mismos, los cinco protagonistas de MalSon se pierden en dédalos de absurdas geometrías espirituales, sin salidas posibles, acertadamente simbolizados desde el complemento audiovisual de la coreografía, que en varios momentos, junto a la potente sonoridad techno-industrial, abandona la función accesoria, casi anulando a los bailarines en vivo.

Estos jóvenes, símbolos de una generación de mentes sumergidas en tinturas del pop más light, al igual que los chillones vestuarios empleados, pues se aglomeran en el más profundo aislamiento de un ascensor, que no alcanza topes ni sótanos; sus cuerpos se tocan, sin llegar siquiera a rozar los espíritus. Disputan el primer lugar entre los últimos, aunque sea un espacio en la casilla donde la Reina Roja corre hacia el presente, con los talones vueltos hacia atrás.

La pérdida de la inocencia, la capacidad de amar, de percibir el contexto con algo más que los sentidos físicos, hasta diluirse totalmente el ser y el no estar más, es la migración más punible de todas, para la que no existen sentencias, legislaciones ni acuerdos internacionales posibles más que la propia cordura y la voluntad de rasgar los siete velos sobre la conciencia. A salvo de toda conceptualización legalista, la infidelidad de uno con uno mismo, el asesinato premeditado, alevoso de la condición humana, y el desmembramiento sumario de la sociedad se elevan como leyes tácitas de nuestro convivir cotidiano, al son del Mal.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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