Cordura, ahora más que nunca

Cordura, ahora más que nunca

Yo estuve allí, nadie me lo contó. Como muchísimos cienfuegueros salí este sábado en la noche hasta el Malecón porque extrañaba el salitre, la brisa fresca, la complicidad de uno de los sitios más concurridos y hermosos de la ciudad del mar, luego de meses de encierro, o mejor, de cuidados necesarios y extremos.

Un proyecto cultural invitaba al baile, a escuchar –si es que sus oídos están preparados para eso- y lo peor, al jolgorio también extremo, cuando la COVID-19 todavía es un hecho y las vacunas no nos protegen del todo, según las autoridades sanitarias, que reclaman mantener las medidas higiénico sanitarias para preservar la salud.

Una cosa es salir a caminar, conversar y compartir con amigos y otra es el desenfreno que pude ver esa noche, cuando el Proyecto Cultural Cienfuegos Party invitaba a adolescentes y jóvenes a bailar, gritar, brincar y cuanto más pudiera hacerse en una masa compacta de personas, que en el colmo del frenesí musical y del desencierro, echaron a un lado los nasobucos, las distancias y todo lo que implicara cuidados mínimos, al menos, para no enfermar.

Luego en redes sociales la constancia de la indisciplina masiva, sin recato alguno y los comentarios lógicos del llamado a la prevención y lo peor, la búsqueda de culpables del desatino popular, que por supuesto, en buena medida recayó en el Gobierno de la ciudad.

No juzgaré la decisión gubernamental –espero que la haya habido- pues si regresamos a la normalidad, tendremos que actuar como entes ¿normales? Se corrió un riesgo seguramente conocido –con venta de bebidas y alimentos ligeros incluidos, a precios exorbitantes, como es habitual por estos tiempos-, pero habrá que pensar mejor estas convocatorias, porque marcan un conteo regresivo a los días de mayor incidencia de la pandemia.

Cuestionaré la actitud de mis coterráneos, que olvidaron en poco tiempo, cuánto hemos sufrido la pérdida de seres queridos, conocidos y ajenos, pero que aun duelen en la ciudad; reclamo la cordura que nos hace humanos y por ende, racionales e inteligentes como para salir a las calles como si nada hubiese pasado.

La COVID-19 nos mantiene con el sabor amargo de un cambio radical en nuestras vidas, de carencias originadas por el cierre de fronteras en el mundo y más en la Cuba nuestra, aislada, bloqueada, en medio de un reordenamiento monetario que también nos complica la existencia, un país que ha gastado –y gasta- millones de pesos para preservar la salud de sus gentes.

Si ante cada intento por normalizar la cotidianidad respondemos de esta manera, regresarán las altas cifras de enfermos, los contagios masivos, más gastos al presupuesto del Estado y su repercusión en la economía familiar. Ni el Gobierno, ni Salud Pública son los responsables de nuestro actuar individual, quitémosle esa carga al Estado que luego todo lo carga sobre sus hombros: las culpas del desorden y el atendernos –como obligación. Cordura cienfuegueros, ahora, más que nunca.

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