Cumbre Vieja: entre el periodismo y el morbo

1. El formato utilizado por el espacio televisivo Sálvame para promocionar una de sus informaciones generó indignación en la teleaudiencia.

La erupción del volcán Cumbre Vieja, en la isla canaria de La Palma, ha traído de vuelta la vieja polémica sobre los límites entre el periodismo y el morbo, en lo que a la televisión respecta.

Como consecuencia de la catástrofe, ya se cuentan por miles los afectados que han visto perdidas sus casas y dramáticamente trastocadas sus vidas en apenas unas horas.

Cada día televisoras, radios y prensa de toda España – el país directamente afectado – y del resto del mundo, han seguido minuto a minuto cuántas bocas se van abriendo en el volcán, la cantidad de casas engullidas por los ríos de lava, el avance del magma hasta su definitivo vertimiento en el mar o las pérdidas millonarias debido a ese desastre natural. Los testimonios de los damnificados se cuentan por centenares.

Pero entre todos esos medios, es en la televisión donde la imagen, por su fuerza e impacto en el televidente, puede ser un elemento disociador o integrador del texto informativo.

La espectacularidad, la prominencia de lo interesante en detrimento de lo importante, la anteposición de lo emocional a lo racional, son atributos que definen el lenguaje audiovisual a partir de ese, su principal elemento discursivo.

Además de informar, la televisión tiene en el entretenimiento otra de sus funciones básicas, también favorecida por un proceso de innovación tecnológica que ha generado nuevos formatos de programas, donde la fascinación, el drama, la emoción y el espectáculo se han potenciado de manera significativa.

Pero crear niveles de expectativa en los receptores, como parte de esa dramaturgia del espectáculo propia del medio, no es lo mismo que manipularla. Promover  la catarsis o la identificación con el que sufre, lícito desde una perspectiva comunicacional y mediática, se prostituye cuando el dolor ajeno se sobredimensiona en aras de la mera distracción y de solapados intereses económico.

En ese caso, la misión de primero informar, consustancial al periodismo, casi resulta una simulación, cuando no un pretexto. Y ese es el punto sobre el que periodistas y comunicadores españoles polemizan, mientras que  el drama y la incertidumbre que se vive en el valle de Aridane, alimentan lo mismo la información de calidad que los reality show promovidos por algunos medios.

“Nosotros, los medios de comunicación, nos debemos también a un ejercicio de reflexión ante situaciones como esta”, apunta Carles Francino, conductor del espacio radial La Ventana, de la Cadena Ser.

El periodista exhorta a sus colegas a asumir esa actitud y a respetar la dignidad de las personas que lo han perdido todo, incluida la esperanza. Recomienda que cuando se le pregunte a alguien por su vida y sus penurias, no haya detrás un interés morboso o insano, sino la voluntad de compartir, de acompañar y reconfortar. “Los medios han de dar con el punto justo entre ser altavoz y no espectáculo”, sentencia.

Por su parte, el importante diario El Mundo se hace eco de otro fenómeno censurable: la llegada al escenario de los acontecimientos de “comunicadores estrellas” de los principales medios televisivos españoles, dispuestos a “acariciar la ceniza y casi incluso tocar la lava, en ocasiones, con la mentalidad de potenciar el espectáculo”.

El hecho es que mientras transcurre la tragedia, algunos de esos periodistas se han enfrascado en una suerte de competencia por mostrar la colada de magma lo más cerca posible, con riesgo incluso para su vida. Una práctica temeraria que también ha alimentado el debate sobre el límite entre la actividad periodística y el espectáculo innecesario.

Poses como esas han recibido también el rechazo de los televidentes. “Eso ya es ser imprudente, se están pasando… Luego piden precaución para que la gente no se acerque a hacerse fotos. No veo la necesidad de acercarse tanto, la verdad. Un poco de coherencia”, opinaba un internauta al respecto.

Fuertemente impugnadas han sido también ciertas prácticas, como las asumidas por el espacio televisivo Sálvame, de Telecinco, que  hizo referencia a la catástrofe natural para promover un avance sobre cuitas de la farándula que se incluirían más adelante en el programa. “Su relación era un volcán y la lava puede quemarlos –  Ainhoa en erupción“, se podía leer con un fondo de imágenes del volcán expulsando lava.

“Fueron muchos los espectadores que consideraron desafortunada esa referencia y criticaron a Sálvame por no tomarse con seriedad el desastre que azota a la isla canaria”, apuntó el periodista Borja Terán en la edición digital de 20 Minutos.

Las reacciones en la redes sociales tampoco se hicieron esperar. “Muy mal promocionando un tema amoroso poniendo un volcán, sabiendo lo que está sucediendo en La Palma y muchas personas pasándolo mal. Es muy lamentable”, criticaba una usuaria de Twitter.

Una pareja se toma una selfie frente al volcán en erupción, en Los Llanos de Aridane en la isla canaria de La Palma, España, 20 de septiembre de 2021. Foto: Nacho Doce / Reuters

En contraposición con esos desempeños, se erige el rigor profesional con que la Televisión Autonómica Canaria ha abordado el aciago episodio. De hecho, esa cadena pública decidió no mostrar cómo la lava destruía las casas de sus vecinos, desechando así un morbo visual que nada aportaba en términos informativos.

Por el contrario, el hábil uso de la técnica denominada realidad aumentada – mediante la cual se pueden introducir animaciones de todo tipo en una emisión en vivo para conseguir recreaciones realistas con las que puede interactuar el presentador o el periodista – permitió a la Radio Televisión Canaria explicar contextos y consecuencias del evento, sin vender alarmismo.

“Siempre vamos a respetar la integridad y los sentimientos de las personas afectadas, que lo están perdiendo todo, sus casas y muchos de ellos sus medios de trabajo. Por ello no hemos grabado imágenes de las personas evacuadas…”, aseguró uno de los presentadores de RTC.

No piensa exactamente así Carmen Chaparro. “Sin ver la angustia de los desplazados cargando a toda prisa lo que pueden en sus coches, no podríamos imaginar lo que están pasando”, discrepa esta periodista y novelista española.

Reconoce sin embargo que algunas veces, en la tensión del momento, en la ansiedad por acercarse a la lava para contarlo mejor, en el estrés por llegar a tiempo a una trasmisión en vivo, quizás los tele reporteros se hayan puesto nerviosos, o no hayan calculado bien la dimensión de las imágenes mostradas.

“Las historias – sentencia Carmen –  las hacen personas. Sus miedos, sus lágrimas, su angustia. Contadas desde el máximo respeto, sin esas historias el resto del país no seríamos capaces de ponernos en su piel.”

Y no es que no lleve razón, porque como en cada acontecimiento, el periodismo se encarga de llegar a donde nadie llega para trasladar a la sociedad lo que está ocurriendo. Solo que, como bien dice esta reconocida periodista, el respeto hace la diferencia.

Como suele ocurrir en este y en otros casos, la línea entre capturar la realidad y hacer espectáculo con una tragedia es tan delgada, que solo la ética puede definirla.

Por eso, junto a la espectacularización de algunas noticias sobre la erupción del volcán Cumbre Vieja y sus secuelas, quedarán también para la posteridad imágenes como las del equipo de Informativos Telecinco, soltando la cámara y el micrófono para ayudar a una familia a desalojar su casa.

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