Por Camilo Rojas González*

En medio de la crisis que vive nuestro país, una de las principales acusaciones por parte de la oposición interna y externa se enfila al tema de la libertad de prensa en Cuba.

Pero antes de pasar a desentrañar la veracidad de estas afirmaciones, permítanme una interrogante: ¿sabe realmente alguien qué es la libertad de prensa?

Según Damian Tambini en su artículo «Una Teoría de la Libertad de Prensa», existe un consenso internacional muy fuerte orientado a defender dicha libertad, pero no una teoría universal y coherente de qué significa este concepto.

Para algunos, pasa inevitablemente por que el Estado no pueda intervenir o censurar a los medios y que estos sean empresas privadas. Para otros, por que el Estado otorgue privilegios y protecciones adicionales para respaldarlos no sólo de la influencia gubernamental, sino del capital privado. Después de todo, ¿qué pasa cuando una multinacional compra un medio de prensa, como está establecido que puede según el funcionamiento del libre mercado? ¿Está a salvo dicho medio de la censura que pueda imponerle el conglomerado que ejerce su propiedad? ¿Y qué pasa con los directivos de empresas que puedan verse afectados por uno u otro artículo de un periódico en el que son accionistas? Normas como la sacrosanta Primera Enmienda de los Estados Unidos sólo protegen de la intervención del Estado.

Ahora bien, ¿cómo se relaciona esto con el socialismo?

En un país bajo el liderazgo de un Partido Comunista, se desprende que no existen, en teoría, grandes conglomerados empresariales capaces de comprar medios de prensa, pues estos son públicos. Además, el Estado ya no protege los derechos de la burguesía, sino de todo el pueblo. Por tanto, la libertad de prensa, comprendida esta en el pensamiento marxista-leninista como una forma de emancipación obrera ante el yugo del Estado burgués, perdería su razón de ser.

¿Quiere decir esto que en un país socialista no es necesaria la libertad de prensa?

Precisamente lo contrario: aquí la prensa adquiere su forma más crítica en tanto que guardiana de la ideología del Estado, porque, ¿qué proyecto puede construirse sin corrección de errores, y más aún uno tan ambicioso como el socialismo?

El artículo 55 de la Constitución de la República reconoce el derecho a la libertad de prensa, el cual se ejerce de conformidad con la ley y con la sociedad. Sin embargo, el mismo artículo aclara que los medios de prensa son propiedad socialista de todo el pueblo y que no pueden ser objeto de otro tipo de propiedad, así como que: «El Estado establece los principios de organización y funcionamiento para todos los medios de comunicación social».

De la misma forma, en el artículo 13 de la Ley de Comunicación Social vigente, párrafo tercero, inciso a), se establece que: «Los contenidos en ningún caso pueden emplearse para subvertir el orden constitucional y desestabilizar el Estado socialista de derecho y justicia social», lo cual es totalmente comprensible.

Pero cabe preguntarnos, ¿hasta dónde la preocupación legítima de todo Estado por preservar el orden constitucional, y de Cuba en particular por defender el socialismo, pueden usarse como excusa para censurar o controlar los contenidos o la política editorial de un medio?

La Carta Magna o la citada Ley de Comunicación Social, desgraciadamente, dejan a la interpretación de quien ejerce el poder, qué exactamente podría considerarse «contrario» al orden constitucional socialista.

¿Lo es la crítica a políticas y decisiones concretas? ¿A problemas como la corrupción y la ineficiencia?

Algunos funcionarios parecen opinar que sí.

Más allá de eso, ¿es esto exclusivo de países socialistas?

Según el informe «El estado de los medios estatales», publicado por el Centro de Investigación sobre Medios de Comunicación y Periodismo, que analiza factores como la financiación, autonomía editorial y propiedad o gobernanza de diversos medios de comunicación, alrededor del 84% de los 595 medios administrados por el Estado en países capitalistas, sufren algún tipo de injerencia por parte de los gobiernos, especialmente de derecha.

Esto es particularmente visible en países de América Latina, África y Asia, pero Europa no está limpia. En los últimos años, los medios de comunicación públicos checos y griegos han sido objeto de ataques persistentes por parte de políticos populistas.

Por tanto, ningún «contra» que se respete, independientemente de sus motivos, debería asumir tan fácilmente que la poca o nula independencia de los medios de comunicación es un problema solamente ligado al socialismo.
Ahora bien, ¿qué hay de la oposición?

Cibercuba, de marcado carácter contrarrevolucionario, es uno de esos casos que deberían estudiarse más que sólo atacarse. Por una parte, tiende a divulgar noticias falsas, tergiversadas o directamente sensacionalistas, suscitando comparaciones que poco vienen al caso, como la de nuestros militares y Peter Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, cuando este hizo cuarenta y cuatro repeticiones de press de banca durante su reciente visita a la base naval de Guantánamo.

Otro ejemplo es El Toque, al cual se le ha acusado repetidamente de manipular el mercado informal de divisas con sus informes. Sin embargo, ¿por qué es capaz de hacerlo? Debido, principalmente, a una cuestión de factores que pueden resultar incómodos para algunos de nuestros dirigentes: Medios como El Toque o Cibercuba brindan servicios que el Estado ha desatendido, y seguirán gozando de popularidad e influencia, incluso entre quienes no se declaran detractores abiertos de la Revolución, mientras el Estado no implemente una política de comunicación social más adaptada a la situación actual.

Así llegamos al siguiente punto:

¿Es necesaria la libertad de prensa en Cuba?

Los medios de la oposición están en la calle, día a día, informando. A veces, es necesario reconocer, de forma poco ética o torcida.

Pero seguirán haciéndolo, y seguirá teniendo efecto, mientras los medios oficiales no les hagan la competencia. No la policía; los periodistas. Aquellos que debemos velar por la verdad revolucionaria y el derecho de nuestro pueblo a información veraz y oportuna.

Ahora mismo, la oposición está aprovechándose de ese derecho y de la mala actuación de la prensa cubana.
¿Hasta cuándo?

La relación entre las autoridades de los medios y los guardianes de la ideología del Estado debería ser, por tanto, de profunda colaboración y retroalimentación más que de vigilancia, pero, ¿cómo lograrlo?

Existen varios caminos. El ejemplo de los países capitalistas mencionado al principio de este artículo podría servir de guía. En respeto de la Constitución, nada implica que los medios deban necesariamente dejar de ser estatales para ser independientes, pero sí se requieren un mayor grado de autonomía y libertad en lo que pueden o no publicar, y no sólo de palabra: hacen falta leyes, normativas más robustas para proteger dicha autonomía y a quienes la aprovechan.

Sin embargo, no sirve de nada la libertad si la autocensura sigue primando en las cabezas de todos los que hacemos periodismo. A veces, no es necesario un ideólogo del Partido para cambiar el lenguaje, el enfoque y todo lo que se escribe o dice en pos de no buscarse problemas.

Y no es culpa de los periodistas.

La culpa es del hecho de que, nos guste o no, utilizar la palabra equivocada, o hacer una crítica especialmente candente, sí puede buscarnos problemas.

Eso debe cambiar.

La Revolución sacó a un país profundamente desigual y lacayo de Estados Unidos del abismo de la ignorancia, y convirtió a millones de personas en seres humanos, cuando antes habían sido poco más que votos comprados y estómagos vacíos.

Eso debe protegerse. Pero hay que medir bien qué significa «proteger». Porque la Revolución no es infalible, y está envejeciendo.

La crítica y la autocrítica son necesarias. Hasta ahora, el papel de los periodistas ha sido guardar a la Revolución de todo aquello que no quiere oír. Pero, como a las personas, esto sólo trae ceguera. A veces, enfrentarnos a la realidad es el único camino a la superación.

Este es el momento histórico, y estamos perdiendo el sentido. Ésta es la hora de cambiar todo lo que deba ser cambiado.

Porque el imperio no va a esperar a que nos adaptemos. Y estamos perdiendo la carrera.

(*) El autor es estudiante de Periodismo.

Por Redacción Perlavisión

Redacción Digital de Perlavisión.

0 comentarios en «El llevado y traído tema de la libertad de prensa»
  1. Como compañera de estudios de Camilo, considero que este artículo demuestra la voluntad que sentimos algunos jóvenes de negociar para lograr distribuir un periodismo más real y con verdaderas libertades creativas en nuestro país … Lo dijiste bien compañero y defenderemos con verdad y justicia un mejor futuro. Saludosss

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