Esperanza

Esperanza

Dice un viejo refrán que la esperanza es lo último que se pierde. Hagamos un ejercicio a la cuenta de la sabiduría popular y saquemos conclusiones, en tiempos de turbulencia, para retornar a las aguas mansas que nos permitan navegar hacia un futuro mejor, con cambios sustanciales en las maneras de hacer, pero con orden y convencidos de que la justicia social es un precepto irrenunciable en Cuba.

Nos debatimos en un contexto excepcional y difícil. Se nos han venido encima y de golpe muchos porrazos económicos, sanitarios y sociales, ante los cuales debemos imponernos con inteligencia y trabajo creador, para enamorar o convencer, incluso a los más escépticos, de la viabilidad del proyecto social que construimos, a pesar de errores o caminos trillados, que para sortearlos o erradicarlos tenemos las potencialidades internas sin igual en el resto del orbe.

Hace apenas unos días el Ministro de Economía, Alejandro Gil Fernández anunciaba la recuperación paulatina de la economía cubana y aunque las dificultades cotidianas no desaparecerán como por arte de magia, se consolidan proyectos que a la postre darán resultados, como la creación de las micro, pequeñas o medianas empresas –las conocidas PYMES- de las cuales depende un alto porcentaje de la economía mundial.

Esto significa liberar las fuerzas con que contamos, aprovechar la capacidad de resistencia y creación versátil que nos acompaña por idiosincrasia, darle valor de uso a la inteligencia, para con el tiempo –que no puede ser infinito- desterrar necesidades básicas que ahora constituyen un problema, como la alimentación popular que por difícil es causa de desaliento y críticas a la gestión estatal.

La Agricultura se despoja de inoperantes mecanismos de acopio, distribución y comercialización parásita que encarecía los productos, por solo trasladarlos de un lugar a otro y cuando podían. Organizaciones productivas –verdaderamente productivas- y particulares son los encargados de llevar la comida a sitios de venta y comienzan a aparecer opciones.

Todavía sin las cantidades necesarias para encontrar siempre lo que se busca o disminuir los precios, pero los productores se sienten estimulados a trabajar, no pierden las cosechas y es inmediato el cobro de las mercancías que llevan al mercado. Son factores que tienden a la estabilidad en ese sector y que junto a las empresas estatales, poco a poco, si, mejorará el abastecimiento.

La Banca se enfoca cada vez más hacia sus clientes naturales, se entregan créditos para el emprendimiento económico particular y la adquisición de bienes –este último de reciente anuncio. La política impositiva del Estado se flexibiliza y adecua a las circunstancias vigentes; se liberan las fuerzas que restarán carga a la responsabilidad gubernamental, el Comercio moderniza su encargo con prácticas de compra-venta on line y la apropiación de efectivos métodos que le dinamizan y lo hacen más asequible a todos.

La ciencia, técnica e innovación  tecnológica evidencian que son imprescindibles para el desarrollo autónomo y aunque utilizarlas de manera eficiente no es noticia, la fabricación de vacunas cubanas contra la COVID-19, efectivos medicamentos de alta demanda en el exterior o el prestigio internacional de científicos de la Isla, son aliciente para el despegue y alto vuelo, a favor de los coterráneos y mantener el principio solidario que nos identifica como pueblo.

Serían muchos los ejemplos que ahora mismo nos devuelven la esperanza, otros, en el campo de la energética se desarrollan investigaciones para cambiar la matriz de generación en Cuba y erradicar la dependencia de la térmica, que por obsolescencia provoca los molestos apagones; los encadenamientos productivos dan valor agregado a las materias primas y organizan y se reflejan en un mercado todavía deprimido, aunque recuperable en la medida que seamos mayores y mejores fabricantes.

La Mayor de las Antillas no es la panacea universal, siquiera lo será en breve tiempo. Mientras persista el injusto asedio externo, costará trabajo levantar la cabeza, pero podemos hacerlo cuanto queramos si somos capaces de desbloquear la mentalidad importadora, de erradicar malos procederes internos y trabajar por la esperanza de paz y prosperidad, eso si es posible.

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