Del H1N1 al SARS COV 2: más de veinte años de “estar al tanto” en Perlavisión

Del H1N1 al SARS COV 2: más de veinte años de “estar al tanto” en Perlavisión

Los programas de Perlavisión siempre han pretendido acompañar a los cienfuegueros en sus preocupaciones y expectativas, durante los más de veinte años que lleva este canal al aire.

Y entre los tópicos más recurrentes en la agenda pública local, la salud ha tenido un lugar destacado, más en épocas donde eventuales epidemias que nos han afectado han requerido de la información oportuna y la orientación precisa por parte de las autoridades del sector.

Hoy es la Covid – 19 la que concentra la atención de periodistas y realizadores en los diferentes espacios en que elaboran sus respectivos mensajes. Pero antes fue el dengue. Y antes la gripe H1N1, tema de esta crónica que recuerda el azote de ese otro virus.

Más limitado en su letalidad y capacidad de contagio, pero no menos peligroso que su más contemporáneo pariente, el H1N1/09 Pandémico – como lo definió la Organización Mundial de la Salud atenida a su fecha de aparición – se cobró la vida de más de medio millón de personas en todo el orbe, una mortalidad relativamente baja si se compara con su amplia distribución (entre un 11 y un 21 por ciento de la población mundial infectada).

Los síntomas de aquel virus guardaban ciertas similitudes con los provocados por el que hoy tiene al mundo en vilo: fiebre alta, tos seca recurrente, dolor de garganta, moqueo o secreción nasal, dolores en el cuerpo, dolor de cabeza, escalofríos, fatiga y problemas para respirar. Muchas personas infectadas también informaron tener vómitos y diarreas.

En Cuba enfermaron más de mil personas y murieron 69, entre septiembre y noviembre de 2009 y mediados de marzo y junio de 2010, plazos que marcaron las dos oleadas bien definidas que tuvo la pandemia en la Isla.

En consecuencia, además de vacunar a más de un millón de personas para evitar la expansión de la enfermedad, nuestro país adoptó otras medidas, entre ellas la implementación de una amplia campaña de comunicación social en los más diversos formatos, con el objetivo de informar a la población sobre el cumplimiento de las disposiciones higiénicas sanitarias y de protección personal.

Fue así como surgió el programa “Al Tanto” de Perlavisión, con su primera emisión el 14 de octubre de 2009, bajo la dirección de Jorge Luis Marí y guion y conducción de quien suscribe estas líneas.

Con una duración de doce minutos, el proyecto se planteaba abordar cada semana un tópico específico relacionado con las medidas de prevención contra el virus pandémico H1N1. La mascarilla fue el tema escogido para la primera emisión del programa.

Y es aquí donde vienen las inevitables comparaciones entre los consejos que hace once años daban los especialistas sobre el uso de ese aditamento y los que hoy se promueven ante una amenaza similar, pero más compleja en extensión y efectos.

Fue a la doctora Marlén del Sol, especialista en Higiene y Epidemiología, a la que correspondió disertar entonces sobre lo que para la época y las circunstancias se manifestaba en ocasiones como un uso indiscriminado y a veces no justificado de las mascarillas.

Explicaba la experta que los estudios realizados hasta ese momento para evaluar las medidas encaminadas a reducir la propagación de los virus respiratorios, indicaban que el uso de ese accesorio podría reducir la transmisión de la gripe. No obstante, aclaraba que las máscaras estaban diseñadas con fines específicos y que su uso incorrecto podía aumentar el riesgo de transmisión en vez de reducirlo. Hasta aquí, nada nuevo respecto a lo que hoy se divulga al respecto.

Pero al preguntársele en qué situaciones un recurso, aparentemente tan efectivo para evitar el contagio con  microgotas respiratorias potencialmente infecciosas, estaría contraindicado, la especialista abogaba por su uso preferentemente en espacios cerrados, donde podría propiciarse un contacto estrecho con personas que presentaban síntomas de tipo gripal.

Entonces “pandemia” era un término que a los cubanos nos remitía a otros lugares del mundo. En la Isla, los protocolos no contemplaban, dada la situación epidemiológica del momento, el uso de la mascarilla en lugares públicos, tal como hoy se recomienda.

Eso sí, la doctora también aclaraba algo que no ha cambiado desde entonces: su empleo debía estar acompañado de otras medidas generales que – como hoy también se indica – ayudaban a prevenir la transmisión de la gripe de persona a persona.

Mencionaba, entre otras precauciones, la necesidad de usarla y desecharla correctamente. Y aquí surge otra inevitable comparación entre el acceso a ese medio de protección hace once años atrás y la manera en que hoy nos lo agenciamos, en un contexto en que este no se vende en la red comercial y la iniciativa particular para suplirlo deriva en los más curiosos y extravagantes modelos.

Señalaba entonces la especialista que, fuera de las usadas por el personal sanitario, aquellas confeccionadas con telas carecían de un aval de eficacia, y que si no quedara otra alternativa, debían usarse una vez o lavarse y planchase bien, después de utilizadas, consejo que aún mantiene plena vigencia.

Otra advertencia que la doctora hacía casi al final del programa – igual de válida para estos tiempos en los que la palabra “pandemia” sí ya nos es familiar y dolorosamente cercana en Cuba – era sobre cómo las mascarillas permitían a las personas enfermas cubrir la boca y la nariz para ayudar a contener las microgotas respiratorias y no propagar el virus.

¡Ah! Y llegado a este punto, no sé si se habrá percatado de otra curiosidad: en los tiempos del H1N1 el término para referirse al protector de boca y nariz, al menos aquí en Cuba, era el de “mascarilla”. Lo de nasobuco, denominación que hoy se ha generalizado, era más bien utilizado en ámbitos profesionales muy especializados.

El programa “Al Tanto” tuvo quince emisiones. Se mantuvo en la parrilla de programación de Perlavisión hasta finales de enero de 2010, tiempo suficiente para abordar, entre otros aspectos, aquellos relacionados con la sintomatología y la importancia de un diagnóstico temprano de la enfermedad provocada por el H1N1; la atención al grave; el seguimiento a los viajeros; el cuidado de niños y embarazadas; el importante rol desempeñado por la atención primaria y el  médico de la familia; los  servicios hospitalarios y las medidas adoptadas en las escuelas para evitar contagios: temas que también responden hoy a las principales preocupaciones frente al acecho del SARS COV 2.

También se apeló a los recursos de interacción con la teleaudiencia existentes en aquella época para recibir preguntas, dudas y preocupaciones que fueron tramitadas por los especialistas en cada emisión o derivaron en tópicos a los que se dedicó algún que otro programa.

“Al Tanto” es uno de los tantos proyectos que un asunto tan sensible para la población como es la salud pública, ha justificado la sistemática presencia de propuestas de esta índole en la programación del canal provincial de Cienfuegos, en sus más de veinte años de existencia.

Solo que la similitud de esa contingencia epidemiológica de 2009 – 2010 con la que ahora Cuba y el mundo también enfrentan, nos trae a colación aquella experiencia televisiva que fuera el programa “Al Tanto”, de Perlavisión.

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