La cirugía en tiempos de epidemia en Cienfuegos

La cirugía en tiempos de epidemia en Cienfuegos

Por obvias razones, la actividad quirúrgica estuvo limitada durante los picos epidémicos de la COVID-19; sin embargo, sus especialistas y residentes enfrentaron complicaciones de pacientes contagiados con el SARS-CoV-2, se mantuvieron en primera línea y enfrentaron las carencias de instrumental, insumos y medicamentos.

Sobre este y otros temas, 5 de Septiembre dialogó en primera persona, con el Dr. Myquel Monzón Rodríguez, vicedirector quirúrgico del Hospital General Universitario Gustavo Aldereguía Lima (HGAL), de Cienfuegos.

“Este ha resultado un año difícil, para todos, pero al referirme a la actividad quirúrgica me gustaría señalar que tuvimos que detener las cirugías electivas y dar prioridad a las oncológicas y de urgencias, para las que se dispuso de Salones específicos para la actividad; así como asumir las conductas médicas de seguimiento ante estas patologías.

“Los tres quirófanos ubicados en Cuerpo de Guardia se destinaron a la atención a pacientes, primero para enfermos graves, y con posterioridad, ante el alza de la epidemia durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2021, como salas de hospitalización. Resultaron trasladadas las operaciones de emergencia para la Unidad Central, y se dispuso de salones específicos para intervenir a pacientes positivos y sospechosos, entre ellos a maternas críticas ante la necesidad de practicarles cesáreas”.

¿Podríamos afirmar entonces que la actividad quirúrgica se revolucionó en el HGAL para enfrentar la epidemia?

“Sí, por supuesto, se crearon equipos de guardia en los salones con las enfermeras circulantes y anestesiólogos, quienes atendieron a los pacientes. En el Centro de Especialidades Ambulatorias (CEA), destinado a la atención específica a enfermos de COVID-19, los salones devinieron en salas de terapia, y se mantuvo un quirófano intacto para emergencias quirúrgicas a casos positivos. Debimos enfrentar en casos positivos a la COVID-19: apendicitis agudas, neumotórax, colecistitis, y otras patologías tributantes a la actividad quirúrgica.

“Recuerdo que, en una de las tantas ocasiones en la que los cirujanos debieron intervenir a casos positivos, cuando el equipo se disponía a operar, las enfermeras se enfrentaban a la cuarta intervención del día, ya adentrada la madrugada, y ellas se mantenían en pie, porque la vida de los pacientes era prioridad. Son muchas las anécdotas, relativas al esfuerzo y la humanidad, porque nuestra gente también marchó a la asistencia directa en salas, se quedó solo un grupo reducido para la atención de urgencias no relacionadas con Covid-19.

“A pesar de lo duro que resulta el enfrentar un virus, fue una experiencia bonita, daba orgullo ver a un ‘quirúrgico’ con el estetoscopio dispuesto a revisar pacientes respiratorios, y es que la formación general y básica de un médico en Cuba, nos permite hacer uso de la clínica, algunos de ellos tienen la especialidad de Medicina General Integral (MGI) y eso sirvió de mucho en los días intensos que vivió el Hospital”.

¿Ante la carencia de insumos, medicamentos e instrumental cómo hacen los cirujanos?

“Hemos desarrollado una especie de capacidad para innovar y encontrar soluciones en las más difíciles circunstancias, usar lo que tenemos de la forma más racional posible. Nunca ha quedado nadie en una mesa de operaciones sin que se le salve la vida por las carencias”.

Sobre la protección a la hora de intervenir a sospechosos y positivos, ¿podría comentar?

“Operar con los trajes de protección, gafas, máscaras… se hace muy engorroso, comienzas a sudar, de calor y ante el temor de contagiarnos y llevar la enfermedad a la familia, y es difícil, muy difícil. Pero nos enorgullece que nadie quedó a su suerte, hicimos y haremos todo por salvar vidas, a riesgo del contagio, porque nos desvestimos de nuestra propia coraza para proteger a quien tenemos acostado en la mesa de operaciones”.

A esta altura del diálogo se impone hablar, en lo personal, de este cirujano general, especialista de II Grado, a quien le consta en su currículo profesional y como experiencia, primero ser un MGI, y colaborar en misiones internacionales. Tiene dos hijos, y uno de ellos es estudiante de cuarto año de Medicina, también vinculado al enfrentamiento de la epidemia.

¿Enfermaste de COVID-19?

“Sí, a finales de julio, al parecer, durante una intervención de tórax a un caso positivo, se me dificultaba la visión y me quité la máscara, fueron momentos difíciles tener que marchar a casa, aislarme de la familia, y dejar a esa otra familia en las horas en las que el Hospital necesitaba de todos. Me recuperé, y regresé en agosto, con todas las secuelas que quedan, pero dispuesto, porque debía estar. A ese riesgo nos exponíamos, y somos seres humanos.

“Asumí la responsabilidad de controlar todo el tercer piso, salas quirúrgicas convertidas en ‘servicio respiratorio’, y ver allí a mi personal, y digo mío con sano orgullo, de verlos atendiendo a los pacientes, o simplemente de acompañantes de algún familiar; y tuve ante mi a esos médicos que firmaron un compromiso, no en un papel, sino moralmente, de salvar vidas. Muchos enfermamos, pero el regreso nos hizo más fuertes”.

¿Crees que ha cambiado la óptica de la gente común sobre la labor de los médicos ante la epidemia?

“Si, entre el pueblo hay muchos corazones agradecidos, todos sufrimos la pérdida de familiares y amigos entrañables, pero reconocen el esfuerzo de los médicos, como te decía con anterioridad, nos quitamos la protección para salvar y dar más calidad de vida. Nunca debemos olvidar los tiempos duros, en los que el personal de Salud dormía apenas una hora, no tomaban agua ni almorzaban para evitar la manipulación. Creo debemos tenerle más amor a la vida después de esta epidemia, y a los médicos, una profesión que, sin dudas, volvería a escoger. Siempre médico”.

Por: Magalys Chaviano Álvarez / 5 de Septiembre Digital

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