Cada 7 de abril es un día para recordar a una de las mujeres más tiernas y luchadoras de la Revolución Cubana, la Heroína de la Sierra y el Llano, Vilma Espín Guillois. Noventa y un años de su nacimiento en Santiago de Cuba, y una vida consagrada a la Revolución y a la emancipación de la mujer cubana y del mundo.
Un día de remembranza donde vuelve el recuerdo de ella, una sencilla y dulce mujer, a la vez luchadora, audaz y valiente que desde la Universidad de Oriente, inició la lucha contra la injusticia social.
La mujer que había nacido el 7 de abril de 1930, Ingeniera química de profesión, compañera inseparable del Comandante Raúl Castro Ruz, y madre de sus cuatro hijos, no puso fin a su lucha con el triunfo revolucionario. Apenas empezaba la Revolución para las féminas y las familias cubanas, una causa que condujo mientras vivió y aún conduce desde su ejemplo.
La fragancia de la combatiente de la clandestinidad se respira en cada parte de nuestra geografía donde la mujer es protagonista de cada obra de la Revolución y es que Vilma es eso, es ejemplo hoy y siempre a seguir por las féminas por su modestia al andar, en la construcción de escuelas y hospitales, en la edificación de hogares que acogen a los niños de la Revolución, en la batalla por mejorar las condiciones de vida de las hacedoras de esperanza con derechos a estudiar, trabajar y superarse, en la atención a los ancianos, en la sonrisa agradecida de los infantes, y en la fortaleza de una organización que presidió por 47 años, la Federación de Mujeres Cubanas, corazón y pujanza vital que encarna a la infatigable y por siempre digna mujer cubana.
En esta jornada subsisten el ejemplo de Vilma y su manera mágica de hablar de la Cuba que hoy la venera y también la reverencia, la misma Cuba que libre y soberana se enorgullece de contar con mujeres como ella, capaces de vencer los más difíciles obstáculos.
Hoy su sencillez y calidad humana vive y se multiplica en las profesionales de la salud que se enfrentan día a día a la pandemia en diferentes frentes sociales, en los círculos infantiles que con tanto amor creó, en la producción de alimentos , la zafra azucarera, en la sabia de las profesionales científicas e innovadoras, en las dirigentes de importantes procesos productivos y de la propia organización femenina, en el encanto hogareño de las amas de casa, todas agradecidas de la inagotable sabiduría y ternura de Vilma, la misma que tiempo después de graduarse dejó a un lado la Ingenería química para entregarse en cuerpo y alma a la lucha por la verdadera revolucionaria antes y después del triunfo del primero de enero de 1959, tanto en la nación como en tribunas internacionales.
Por eso a Vilma, y a Fidel que tanto la apoyó, le debemos que hoy podamos ocupar el lugar merecido dentro de la sociedad, continuar la lucha por la equidad y con su ejemplo vivo y activo seguir siendo una Revolución dentro de la Revolución.
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