Turbulencias

Turbulencias

Compleja es nuestra cotidianidad. Nos asomamos a las vidrieras de un mercado interno desabastecido contra el que compite cada vez con más fuerza la oportunidad subterránea –a la vista de todos y con visos de modernidad digital- repleta de opciones inalcanzables para la gran mayoría, a la que toca hacer la magia de la subsistencia familiar.

Y uno podría preguntarse ¿cómo es posible Se trata de un secreto a voces: desvío de recursos, deficiente organización en el comercio y las tiendas en MLC, convertidas en verdaderos almacenes muy lucrativos para revendedores y mercaderes de ocasión, que imponen sus abusivos precios a quienes no recibimos esa moneda en la remuneración mensual.

Los salarios, cada vez más irrisorios como consecuencia de la situación anterior, muy a pesar del anunciado incremento que creó expectativas incumplidas. Los precios suben como la marea y no hay retorno… la disertación económica es común en cualquier cola, conversación de barrio, en centros de trabajo o en el hogar y la fórmula salvadora no se vislumbra, o mejor, depende únicamente de nuestros propios esfuerzos.

De frente y en desleal competencia, una “polarización” ideológica que confunde a no pocos y más a los ingenuos –que no son pocos, además- lo cual nos obliga a repensar estrategias políticas y de comunicación, en un mundo interconectado y que para Cuba deviene en una feroz guerra mediática, que con inocencia o atrincheramientos a nada bueno conducen.

Cierto que la pandemia nos viró al revés planes y perspectivas, también en el resto del mundo que todavía se debate entre la improductividad, los cierres a cualquier diligencia que genere dividendos y el temor a los contagios importados. Por otra parte, se recrudece la hostilidad comercial, financiera y económica del enemigo histórico, que bien aprovecha el filón interno y externo para insistir en su demencial carrera por destruir a la Revolución cubana.

Y de nuevo aparece la intentona golpista, ahora con remedos de paz y tolerancia, cuando bien sabemos que la mirada hacia el Norte es la fuente de toda convocatoria, no hay proyecto de mejoras, no hay un sentimiento patriótico definido, no hay un programa que desmonte errores o una receta de prosperidad que enamore, convenza o legitime la buena voluntad de organizadores y acólitos.

Les acompaña la petición de intervenciones humanitarias –y sus conocidas consecuencias en Trípoli, Checoslovaquia y otros parajes destruidos y sin la buena de Dios-, la implementación de un sistema “benefactor y boyante” Made in que conocemos como se USA y la negación de nuestra historia y cultura.

Pretenden confundir a los menos favorecidos, con la seguidilla de un sistema social fracasado, procuran enredar a quienes por oficio y responsabilidad nacional nos corresponde defender en los medios de comunicación una esperanza imperfecta y perfectible, siempre que nos lo propongamos. Nos llaman al combate por la destrucción y el oprobio, a la lucha por mezquinos intereses, personales para muchos de sus cabecillas, nos vienen a convidar a tanta mierda.

Aprovechar las turbulencias de nuestra cotidianidad es oportunismo. El reclamo hoy tiene que ser el explotar las potencialidades que como pueblo y entes se demuestran en cada emprendimiento y pensar que todo tiempo futuro tendrá que ser mejor –aun con 60 años a cuestas en tentativas. No seamos ingenuos, hechos tan frescos como Venezuela y Nicaragua son la evidencia de opacos colores para propiciar cambios.

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