“Una colmena encerrada”, espectáculo que recién ofreciera La Colmenita, de Tin Cremata, estoy seguro, movió corazones, hizo vibrar de emoción y nos recordó cada momento vivido en estos últimos tiempos –claro, un privilegio que tuvimos quienes contábamos con servicio eléctrico en la noche de este domingo para ver su retrasmisión en la televisión.
Con esa fértil imaginación que nos caracteriza y con la fecunda creatividad de nuestros niños, la presentación del grupo de teatro infantil denunció el bloqueo yanqui contra Cuba, con ejemplos claros del daño que por más de 60 años han provocado y mediante reflexiones y música. (conmovedora historia de madre e hija enferma, un caso que se multiplica en todo el país)
Hay que perforar ese cerco, cuan colmena fundada por abejas –sería nuestro aguerrido pueblo- para de conjunto, buscar soluciones, unir las fuerzas de ese potencial con que contamos de gente preparada y amante de su tierra… Sería como paralizar al enemigo histórico, paralizar el éxodo de compatriotas, salir del agobio, la desesperanza, el inmovilismo y producir, mucha, mucha miel (dígase bienes y servicios)
En la búsqueda de las esencias quedó más que clara la impronta –qué no seríamos capaces de hacer si conseguimos una vacuna contra la COVID-19. Tenemos que quebrar el muro y aunque se empeñen los yanquis con medidas de asfixia, contamos con la solidaridad mundial, de ahí el cierre de la puesta con “Dame la mano y danzaremos”, en la voz de Teresita Fernández.
Diversión, inteligencia, sentimientos para consolidar un mensaje que urge dadas las condiciones que afrontamos y que está probado: el muro crecerá cada vez más. Yo me quedé con ganas de cantar: …dame la mano y trabajemos…

