(Escrito por: Félix A. Correa Álvarez)
En una telenovela como Ojo de Agua, donde los conflictos familiares, las pasiones y los secretos marcan el ritmo de la historia, algunos personajes parecen destinados desde el principio a despertar el rechazo del público. Wilfredo, o simplemente Wilfred, es uno de ellos. Sin embargo, detrás de ese hombre áspero, calculador y dispuesto a moverse en terrenos moralmente cuestionables, existe una construcción mucho más compleja de lo que podría parecer a simple vista. Y buena parte de esa complejidad proviene del trabajo de Luis Ángel Batista.
Desde su primera aparición, Wilfred impone una presencia singular. El sombrero, las botas, la actitud desafiante y una imagen que recuerda a una suerte de “cowboy cubano” lo convierten en una figura difícil de ignorar. Pero para Batista, la construcción de un personaje nunca comienza por la apariencia.
«Yo siempre lo hago casi desde el punto de vista del espectador; es decir, empiezo a disfrutar al personaje, no a juzgarlo», explica el actor sobre su método de trabajo.
Esa decisión resulta fundamental para entender la manera en que ha asumido a Wilfred. En lugar de acercarse al personaje desde la condena moral o desde los estereotipos habituales del villano televisivo, Batista optó por la observación y el análisis. Su interés no estuvo en demostrar que se trataba de un hombre malo, sino en descubrir qué razones lo llevaron a convertirse en quien es.
Durante el proceso de preparación, el actor encontró en los ensayos y en el intercambio con directores y compañeros una oportunidad para enriquecer la propuesta inicial.
«Ahí uno comienza una búsqueda, va aportando ideas y, a veces, también recibe sugerencias desde la dirección o de otros compañeros», comenta.
Sin embargo, el verdadero centro de gravedad del personaje apareció en otro lugar.
«Para mí, lo importante siempre es entender primero al personaje desde el punto de vista psicológico».

Esa búsqueda interior ha sido una de las claves para que Wilfred trascienda la categoría del antagonista convencional. Batista está convencido de que las personas no pueden reducirse a etiquetas simples y considera que los personajes tampoco deberían hacerlo.
«Ningún personaje es completamente malo o completamente bueno… Más bien diría que es un personaje antagónico».
La diferencia parece sutil, pero cambia por completo la perspectiva. Un antagonista no existe únicamente para obstaculizar el camino de otros personajes; posee sus propias razones, conflictos y heridas. Por eso, durante el proceso creativo, Batista se hizo preguntas constantes.
«¿Por qué el personaje actúa así? ¿Por qué renunció? ¿Por qué traicionó?».
Las respuestas a esas interrogantes fueron revelando capas que el público ha ido descubriendo poco a poco a medida que avanza la trama. Aunque Wilfred se mueve entre intereses económicos, deudas, manipulaciones y negocios turbios, también arrastra conflictos internos y zonas de vulnerabilidad que ayudan a comprender mejor sus acciones.
«Cuando empiezas a entender esas consecuencias, el personaje empieza a revelarse también con cosas buenas».
Lejos de justificar sus errores, el actor ha intentado mostrar la humanidad que existe detrás de ellos.
«Yo quise defenderlo y cuidarlo en cada puesta en escena».

Ese empeño también se reflejó en el aspecto visual. Batista no se limitó a interpretar al personaje tal y como estaba concebido inicialmente en el papel. Decidió intervenir en su imagen y reforzar determinados rasgos que consideraba importantes para la historia.
«Le cambié la imagen: le puse sombrero, botas, e hice que tomara más las riendas de su propia situación».
El resultado es un personaje con una identidad visual muy marcada, capaz de transmitir autoridad y amenaza incluso antes de pronunciar una palabra.
A medida que Ojo de Agua avanza, Wilfred ha ido ganando peso dentro de la narración. Lo que parecía inicialmente una participación secundaria se ha transformado en una presencia cada vez más determinante para el desarrollo de los acontecimientos.
«Ahora está ganando un poquito más de protagonismo. La trama se está complicando y quizás él está un poco más implicado».
El actor reconoce que siempre existe cierta incertidumbre cuando se recibe un personaje que, en principio, no ocupa un lugar central en la historia.
«Existe el temor de que, cuando te proponen un personaje pequeño, el personaje se quede pequeño».
Precisamente por eso concede tanta importancia al proceso de construcción.
«Nuestro trabajo es atrapar al público».
Y el público, evidentemente, ha reaccionado.
En las redes sociales y en la calle, Wilfred se ha convertido en uno de los personajes más comentados de la telenovela. Muchos espectadores expresan abiertamente el rechazo que sienten hacia él, una señal inequívoca de que la interpretación ha logrado generar emociones.
«Casi siempre la gente —como me está pasando ahora con Wilfred— me dice que me tiene mucho odio».

Batista, lejos de incomodarse con esa respuesta, la recibe como una muestra de que el personaje está funcionando.
«Es un juego, de jarana, de criterio y de buenas energías. Y eso a mí me ha agradado mucho».
La reacción del público confirma algo que el actor considera esencial: los personajes oscuros pueden resultar profundamente atractivos cuando están construidos desde la verdad.
«Eso demuestra que no existe alguien “malo, malo, malo”. Al final, es un ser humano».
Quizás ahí radique uno de los mayores méritos de su trabajo en Ojo de Agua. Wilfred provoca rechazo, desconfianza y hasta indignación, pero rara vez indiferencia. Es un personaje que obliga al espectador a preguntarse por las razones detrás de cada acto, por las heridas ocultas detrás de cada decisión y por las consecuencias que terminan moldeando una vida.
Luis Ángel Batista ha logrado convertir a este antagonista en una figura compleja y contradictoria, alguien capaz de transitar constantemente entre la dureza y la fragilidad. Y mientras la historia continúa desarrollándose, una advertencia del propio actor parece resumir el destino que aguarda a muchos de los personajes de la novela:
«Todo lo que se está desarrollando en los capítulos actuales se va a seguir complicando un poco más y, al final, todo tiene una consecuencia. Cuando el mal se enfrenta al mal, nada bueno puede terminar ocurriendo».

Más allá del rechazo o la simpatía que pueda despertar entre los espectadores, Wilfred confirma una de las mayores virtudes de Luis Ángel Batista como actor: su capacidad para encontrar humanidad allí donde otros solo verían un villano.
En Ojo de Agua, el intérprete apuesta por los matices, por las contradicciones y por las razones ocultas detrás de cada conducta, construyendo un personaje que crece junto a la trama y que deja una huella difícil de ignorar. Quizás por eso el público habla tanto de él, lo cuestiona o incluso lo detesta.
Al final, como defiende Batista, los personajes más interesantes no son los que se mueven entre el blanco y el negro, sino aquellos que habitan las complejas zonas grises de la condición humana.
