Este es un homenaje a la memoria viva de quienes han formado parte de la familia del deporte cienfueguero en Juegos Centroamericanos y más allá. Un testimonio que busca compartir con las nuevas generaciones las hazañas deportivas de Cienfuegos y de toda Cuba, narradas por sus propios protagonistas, esos héroes que hoy transitan las calles de forma anónima, pero que un día llevaron el nombre de su tierra bien alto.
«Me llamo Mercedes Torriente Acea, gloria deportiva del voleibol.
Soy la única deportista sobreviviente de los atletas sureños que participaron en los Juegos Centroamericanos de 1966 en Puerto Rico, dentro de la llamada comitiva del Cerro Pelado. Estuve siete años en el equipo nacional, fui su capitana y formé parte del primer conjunto cubano de voleibol que viajó a Jamaica, donde obtuvimos el cuarto lugar.
En los Centroamericanos de Puerto Rico, en 1966, integré aquella valiente comitiva antillana del Cerro Pelado. Fue una cita deportiva llena de situaciones complicadas para Cuba, pero asumimos un lema que nos guió hasta el final: «Si salimos, llegamos; si llegamos, entramos; y si entramos, triunfamos». Y así fue: la mayoría de los equipos cubanos logramos el primer lugar.
Después de retirarme como atleta, trabajé como entrenadora en la Escuela de Alto Rendimiento Jorge Agostini Villasana, en Cienfuegos. Allí tuve el privilegio de aportar un alto número de atletas a los equipos nacionales.
El apoyo de mi familia fue fundamental en mi carrera deportiva. Me respaldaron en todo momento. Y si volviera a nacer, volvería a ser voleibolista. Eso lo llevo en la sangre, porque mi familia es de voleibol: tanto mi hermana como yo llegamos a formar parte del equipo cubano de voleibol.»
