Medios iraníes informaron este lunes que el Palacio de Golestán, ubicado en el sur de Teherán y declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, resultó parcialmente dañado tras los bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel durante la noche del domingo.

De acuerdo con la agencia Isna, las ondas expansivas afectaron puertas, ventanas y estructuras ornamentales del complejo histórico. La agencia Mehr también reportó impactos en el entorno del recinto, considerado uno de los principales símbolos arquitectónicos y culturales de Irán.

Un sitio clave del patrimonio mundial

El Palacio de Golestán fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2013 por su valor histórico y arquitectónico. El complejo, cuya construcción se remonta a la época safávida y alcanzó su esplendor durante la dinastía kayar (Qajar), integra salones ceremoniales, jardines y espacios decorados con mosaicos, mármoles y célebres revestimientos de espejos.

Situado en el corazón histórico de Teherán, el palacio constituye un testimonio del intercambio artístico entre Persia y Europa en los siglos XIX y XX. Sus salas, como el Salón de los Espejos, son reconocidas por su riqueza ornamental y su relevancia en la historia política iraní.

Preocupación internacional por el patrimonio cultural

La UNESCO manifestó su preocupación por el incidente e indicó que monitorea de cerca la situación para garantizar la protección del patrimonio cultural en Irán y en la región. El organismo precisó que ha comunicado a las partes involucradas las coordenadas exactas de los sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial y de aquellos de importancia nacional, con el fin de prevenir daños.

Asimismo, recordó que los bienes culturales están amparados por el derecho internacional, en particular por la Convención de La Haya de 1954 para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado y por la Convención de 1972 sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural. La organización reiteró su política de insistir en la neutralidad de los sitios culturales frente a operaciones militares.

Durante una visita al lugar, el ministro iraní de Patrimonio Cultural, Reza Salehi Amiri, afirmó que lo ocurrido “no fue solo un ataque a un edificio, sino a la identidad cultural y nacional de Irán”, y anunció que el país presentará un informe oficial ante la UNESCO con un detalle técnico de los daños registrados.

Un símbolo de la historia política y cultural de Irán

La construcción inicial del Palacio de Golestán se remonta al período safávida en el siglo XVI, aunque adquirió su configuración actual en el siglo XIX bajo la dinastía Qajar, cuando fue elegido como sede gubernamental y residencia real. Con el tiempo, el complejo se convirtió en un testimonio visual de la transformación cultural y arquitectónica del país.

El palacio es reconocido como un espacio donde confluyeron el arte tradicional persa y las influencias occidentales que llegaron a Irán durante el reinado de Naser al-Din Shah (1848-1896), quien impulsó reformas tras sus viajes a Europa. Esa integración dio lugar a una reinterpretación estética propia, visible en los azulejos policromados, los espejos trabajados en estilo Aine Kari y los amplios patios interiores.

El conjunto consta de ocho estructuras principales organizadas en torno a un jardín central con estanques y senderos. Entre sus espacios más destacados se encuentra el Trono de Mármol (Takht-e Marmar), construido en 1806 por orden de Fath-Ali Shah, elaborado con 65 piezas de mármol amarillo de Yazd y sostenido por esculturas talladas.

Otro ícono del complejo es el edificio Shams-e-Emareh, terminado en 1867, que en su momento fue la estructura más alta de Teherán. Con cinco niveles, combina elementos de inspiración europea —como ventanas arqueadas y detalles metálicos— con minaretes y azulejos persas, consolidándose como uno de los símbolos arquitectónicos de la capital.

El Palacio de Golestán mantuvo su relevancia durante la era Pahlavi, siendo escenario de ceremonias oficiales como las coronaciones de Reza Shah en 1925 y de Mohammad Reza Shah en 1967. En 2013 fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial como ejemplo singular de la interacción entre valores culturales persas y corrientes europeas del siglo XIX.

Las autoridades iraníes continúan evaluando el impacto de los bombardeos, mientras organismos internacionales observan con atención la situación de uno de los sitios históricos más representativos del país.

Por Alma Plus TV

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