Análisis a partir de la opinión de un psicólogo, quien nos advierte que Trump podría llevar a EE.UU. (ojalá no al mundo) a una guerra

El Dr. John Gartner, exprofesor de la Universidad Johns Hopkins, criticó a Donald Trump alegando que el «desorden cerebral en deterioro» podría amenazar la estabilidad global, argumentando que el presidente «no tiene controles internos ni juicio».

Psicólogo y psicoterapeuta, Gartner advirtió en el podcast The Daily Beast en referencia al mandatario: «No tiene asesores. No tenemos Constitución. No tenemos controles ni contrapesos. Es como si todo emanara de su ego, y no hay nada que pueda evitar que un impulso en su mente perturbada se convierta en una guerra».

El concepto freudiano del ego describe la parte más básica, totalmente inconsciente de la personalidad, que impulsa la satisfacción inmediata de las necesidades instintivas sin considerar las consecuencias.

Dr. John Gartner, exprofesor de la Universidad Johns Hopkins, psicólogo y psicoterapeuta.

Gartner, quien se describe a sí mismo como un activista, ha calificado a Trump de «malvado y demente» en The Trump Report y ha dicho que los tropiezos verbales, la confusión y las dificultades de memoria del presidente son evidentes «signos clínicos de demencia» que empeoran su «narcisismo maligno», un «diagnóstico históricamente oscuro» que alguna vez se aplicó a Hitler y a «otros dictadores asesinos como él».

También dijo que las decisiones de Trump, incluida una posible acción militar contra Irán, se toman «de manera arbitraria, confusa y paranoica».

En la primera reunión de su «Junta de Paz», Trump dijo a los asistentes: «Ahora quizá tengamos que ir un paso más allá, o quizá no. Quizás lleguemos a un acuerdo. Lo sabrán en los próximos 10 días, probablemente».

Sobre la ambivalente propuesta del mandatario, Gartner comentó: «En otras palabras, podríamos ir a la guerra, podríamos no ir, se lo haremos saber. Ni siquiera les diremos en qué nos basaremos para ir a la guerra, ni cuándo, ni qué criterios nos impedirían ir a la guerra. Ya lo sabrán. Si no podemos llegar a un acuerdo y creemos que está mal, fracasaremos».

Pero la obstinación de Trump con un eventual ataque a la nación persa, que parece cada día más cerca, no es la única prueba de las peligrosas perturbaciones que por estas echas revolotean en la mente del inquilino de la Casa Blanca, de quien se comenta incluso en medios familiares cercanos padece «problemas cognitivos» que podrían llevar a suponer un debut de Alzheimer.

Un fantasioso buque hospital

Imagen recreada con inteligencia artificial del buque hospital USNS Mercy.

En relación con Groenlandia, una de sus obsesiones, figura el muy reciente anuncio del envío al territorio autónomo danés de un barco hospital bajo el alegado pretexto de que muchas personas allí están enfermas y no reciben atención.

Sin siquiera precisar cuál es el mal en particular que afecta a los groenlandeses y al que los isleños no puedan hacer frente por su propia cuenta, escribió en su red Truth Social junto a una imagen generada por IA que muestra al buque hospital USNS Mercy navegando hacia el atardecer:

«En colaboración con el fantástico gobernador de Luisiana, Jeff Landry, vamos a enviar un gran barco hospital a Groenlandia para atender a las muchas personas enfermas que no reciben atención allí. ¡Ya está en camino! Presidente DJT».

La primera reacción al desatino -y verán por qué- provino del primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, quien rechazó ferozmente el extraño plan de Donald Trump a la isla ártica y criticó los «arrebatos más o menos aleatorios» del presidente en las redes sociales.

«Desde aquí, no, gracias», le dijo a Trump el premier en un comunicado sobre la inusual publicación en Truth Social. «Siempre estamos abiertos al diálogo y la colaboración. También con Estados Unidos. Pero hablen con nosotros ahora en lugar de simplemente lanzar estallidos casuales en redes sociales», añadió Nielsen, quien remachó: «El diálogo y la cooperación exigen el respeto de que las decisiones sobre nuestro país se toman en casa».

Por su parte, desde el Departamento de Guerra le llegó a The Wall Street Journal la confirmación de no haber recibido orden alguna para desplegar buques de la Armada de EE.UU. en Groenlandia, pese a la afirmación del presidente.

Nadie tiene claro de dónde sacó Trump la idea de que tanta gente estaba enferma en aquella isla que él ha amenazado una y otra vez con anexar.

Medios han corroborado mediante datos de seguimiento marítimo, e incluso registros fotográficos, que los dos buques hospitales de la armada estadounidense, el USNS Comfort y el USNS Mercy, están actualmente en un astillero en Mobile, Alabama. El Comfort está en reparación y los trabajos no deben concluir por lo menos hasta el mes abril, mientras que el Mercy atraviesa desde julio de 2025 un proceso de mantenimiento de un año.

«Guayabitos en la azotea»

Otra prueba de lo alborotados que andan los «guayabitos en la azotea» del mandarín naranja la encontramos en su comportamiento contra los jueces del Tribunal Supremo, luego de la votación por 6 votos a 3 que dictaminó que muchos de los aranceles impuestos por él durante el segundo mandato eran ilegales.

En su diatriba de casi mil palabras también en Truth Social, el mandatario acusó a los miembros del máximo tribunal de ser «perros falderos» del Partido Demócrata.

«¡El fallo de la Corte Suprema sobre aranceles es profundamente decepcionante!», escribió furibundo. «Me avergüenzo de ciertos miembros de la Corte por no tener el coraje de hacer lo correcto para nuestro país».

«Otros creen que están siendo políticamente correctos, lo cual ha sucedido antes, con demasiada frecuencia, con ciertos miembros de esta Corte, cuando, de hecho, son simplemente TONTOS y PERROS FALDEROS de los RINOS (republicanos solo de nombre, significado en inglés) y los demócratas radicales de izquierda y, aunque esto no tenga nada que ver, son muy antipatrióticos y desleales a la Constitución», agregó Trump.

Las fuertes críticas han desatado una polémica contra el presidente. Influyentes medios como The Wall Street Journal insisten en que Trump «Le debe una disculpa a los sabios», en referencia a los de toga.

Los nueve jueces del Tribunal Supremo y el presidente Trump.

En la opinión del consejo editorial del WSJ, se puede leer lo que igualmente muchos opinan: la decisión sobre los aranceles es una «vindicación monumental de la separación de poderes consagrada en la Constitución». «Podríamos llamarla el verdadero Día de la Liberación de los aranceles», insiste el influyente rotativo.

Palabras mayores… Y no porque no se hubiere hecho antes. El presidente Thomas Jefferson criticó en su momento una decisión de la Corte, como mismo lo hizo Franklin Roosevelt, frustrado por las decisiones que, según él, debilitaban partes de las políticas del New Deal (Nuevo Trato), enfiladas a combatir los efectos de la llamada Gran Depresión.

En fecha más reciente también lo hizo Obama, quien aprovechó su discurso del Estado de la Unión en 2010, frente a varios miembros de la Corte, para arremeter contra su decisión en el caso de Citizens United, el cual ayudó a abrir las compuertas al gasto independiente en elecciones federales.

Ed Whelan, miembro de alto rango del Centro de Ética y Políticas Públicas, escribió en un correo electrónico que “Es totalmente aceptable que un presidente critique un fallo de la Corte Suprema que le sea adverso. Pero es demagógico que el presidente Trump sostenga que los magistrados que votaron en su contra lo hicieron por falta de valentía”.

Trump, sin embargo, cruzó una línea en la conferencia de prensa del 20 de febrero en la Casa Blanca: la forma en que arremetió contra los magistrados que votaron en su contra, de manera pública y notoria.

Porque conste que en la historia de la Unión tampoco faltaron los que también criticaron magistrados nominados por ellos mismos debido a las decisiones que habían tomado.

Según el biógrafo Stephen E. Ambrose, el presidente Dwight D. Eisenhower comentó que nombrar al presidente del tribunal, Earl Warren, había sido su mayor error. Pero lo hizo en un círculo íntimo de amigos.

Mientras, Theodore Roosevelt, en referencia al magistrado Oliver Wendell Holmes, comentó en una ocasión que “podría tallar en un plátano a un juez con más carácter”, al objetar un voto disidente suyo en un caso antimonopolio.

Pero esos comentarios fueron en privado, nunca en una aparición presidencial transmitida en vivo desde la sala de prensa de la Casa Blanca.

Abocado a su discurso del Estado de la Unión esta noche, hay expectativas por ver a un Trump paranoico que llega con la popularidad en cifras mínimas: apenas 37% de aprobación, según una encuesta nacional en redes sociales realizada por la cadena CNN entre el 17 y 20 de febrero.

Cuando a las 9:00 pm suba el mandarín naranja al estrado a cumplir con este mandato constitucional, que, nunca mejor dicho obliga al presidente a informar ante un ninguneado Congreso sobre la situación del país y a presentar sus prioridades legislativas, lo recibe una nación profundamente fragmentada, dolida por excesos como los del ICE contra los migrantes y los propios norteamericanos muertos por sus balas; enfadada por la opacidad con que se maneja el Caso Epstein; hastiada de una agenda suya que ha trastocado las prioridades nacionales y destruido alianzas internacionales como resultado de una política exterior caprichosa, y para colmo, desafía el sistema fundacional de pesos y contrapesos del país.

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